La menta prodigiosa, por Magdiel Torres Magaña

Íbamos hacia la biblioteca Luis Ángel Arango, andábamos por la mitad del camino, por la avenida Caracas, a bordo de un Transmilenio. Veníamos sentados. Claudia me había ofrecido el lado de la ventanilla a sabiendas de mi goce infantil por registrar las escenas que acontecían afuera. En eso estaba cuando subió una vendedora ofreciendo sus  productos, algo que era común.

“Buenos días tengan todos ustedes”, dijo la mujer y algunos pasajeros le respondieron. “Gracias por el saludo, porque ante todo debe estar presente la educación, ¿verdad? Mire yo no le vengo a engañar, yo no le vengo a mentir ni a contar novelerías ni nada. Gracias a mi Dios yo estoy completa y no sufro ninguna enfermedad. Gracias a la santísima Virgen y a todos los santos no padezco ninguna discapacidad y no vengo más que a camellear como todos ustedes.

«Perdone si le quito un trisito de su tiempo. Si lo aburro un momentico. Si lo desespero. Si interrumpo su lectura o su conversación. Solo estoy aquí para ofrecerle este extraordinario producto que es delicioso, que es riquísimo y que tiene propiedades curativas antiquísimas. Son tan antiguos estos ingredientes que los descubrieron los indios de las Amazonas hace ya muchos años desde antes de la llegada del conquistador.

«Se trata de una menta que usted puede saborear después del almuerzo o después de las medias nueves. Incluso puede tragarla antes de acostarse porque este dulce no le quita el sueño. Verá usted que esta menta, de origen natural, tiene propiedades curativas más elevadas y audaces que las drogas sofisticadas. Estimado caballero, encarecida dama, si usted ingiere esta menta notará de inmediato que el mal olor se irá como un despreciable fantasma. Quita el dolor de muela, el dolor de cabeza, el dolor de vientre premenstrual y menstrual. A los caballeros les provoca erecciones firmes y constantes y apetitos sexuales indecibles. Además, les dará fuerza para complacer a la compañera, a la moza, a la suegra y a la hija. A cada una en su momento o a todas en singular orgía.

“A la dama que ingiera esta maravillosa menta le cambiará el semblante. Le pondrá los senos firmes y redondos. Le cubrirá las caderas de una miel deliciosa y suave que será el deleite del compañero y del mozo. También atraerá a ese man que le gusta y al que espían en secreto o al verdulero que desean con pasión malsana. Mire yo no le vengo a engañar ni a sacar su plata. Solo por el ridículo precio de 2000 pesos usted puede adquirir esta menta y comprobarlo. Pero si usted desea indagar más en los secretos de la medicina tradicional y mística, por 5000 pesos se puede llevar la menta milagrosa, el chocolate recubierto y la bolsita de maní de las altas montañas del Perú. 2000 por cada producto individual o 5000 por los tres productos. Tranquilo, sin compromiso, porque mirar no es comprar. No se sienta comprometido.

“La barra de chocolate recubierto es una deliciosa mezcla de cacao selecto de las selvas del sur de México. Contiene maní y trozos de chocolate blanco. Sus propiedades alucinógenas ayudan al estudiante a concentrarse en sus estudios. Al trabajador lo llena de energía. Al niño le proporciona la vitalidad suficiente para que elabore sus tareas. Al anciano le prodiga de sueños serenos y remotos como una muerte tan dulce como cierta.

«Yo misma he consumido esta deliciosa barra de chocolate poco antes de la siesta. Su consumo me ha beneficiado con los sueños eróticos más desquiciantes. En ellos dos hombres robustos y musculosos, proporcionados de penes enormes y firmes, me poseían a la vez. Uno de ellos, rubio por más señas, se entretenía en enjuagar su lengua con mi clítoris. El otro, moreno en contraste, me masajeaba los senos mientras introducía su verga venosa en mi boca. Más tarde ambos hombres me penetraban por ano y vagina provocándome un orgasmo múltiple que no era de este mundo. Después me fecundaron este hermoso hijo que habrá de ser rey de la antigua Antioquia”.

La mujer, ciertamente, llevaba un niño en una especie de cangurera. Mientras se movía a lo largo del Transmilenio daba mano en mano los dulces que ofrecía. Algunos pasajeros los miraron a detalle. Otros, entretenidos en sus celulares, los rechazaron. Había también los que los tomaban con desinteresado afán. Claudia tomó los tres productos y me preguntó, como solía suceder en estos casos, si quería probar alguno. Le dije que no, entretenido en el discurso de la mujer que seguía hablando.

“…puede meter cada uno de los maníes por el ano o bien tomarlos con abundante agua. Verá cómo en seguida su poder de locuacidad crecerá exponencialmente. Se dará cuenta que elaborará no solo argumentos certeros sino que tendrá una imaginación prodigiosa que tan importante es en estos casos. Con esta capacidad de convencimiento atraerá a las chinas más gomelas o tímidas. A todas ellas las convertirá en diosas del sexo que podrá desvirgar de vagina y ano sin que las hediondas vayan a acusarlo. Mire yo no lo vengo a engañar ni a robarle su platica. Ingiera una bolsa completa del maní de las altas montañas del Perú. Verá cómo además de corromper niñas, las chinas poseídas por su ingenio y virilidad le llevarán hasta sus madres. Sus hermanas, de tenerlas, también estarán a su disposición para poseerlas a placer y al mismo tiempo si lo desea”.

La mujer se había alejado de nuestro asiento y me era difícil escuchar el resto de su discurso. Me puse a buscarla entre la gente que iba de pie. Así pude ver al lado de nuestro asiento a una niña de uniforme que metía su mano debajo de la falda. Se tallaba la entrepierna por encima de las mallas con ahínco. También vi cómo, en el asiento que quedaba detrás de la niña, una pareja de adolescentes se besaban con ardor. Mientras ella le acariciaba el pene por encima del pantalón, él le presionaba en medio de las piernas con la barra de chocolate.

Al poco rato la mujer pasó por nuestro asiento y Claudia le regresó los productos ofrecidos. La vendedora siguió su camino y continuó con su discurso. Al pasar junto a nosotros noté que era una anciana. En la cangurera no llevaba un niño, sino un montón de periódicos viejos y amarillentos. La anciana ahora hablaba de su necesidad de camellar porque estaba embarazada de gemelos. Su voz no era la de una anciana, sino la de una mujer joven. Explicó que no estaba esperando dos niños, sino que había sido poseída por hermanos gemelos en el mismo acto sexual. Ahora explicaba con más detalles que aquella anécdota onírica con un hombre blanco y uno moreno.

Pronto llegamos a la estación Las aguas y Claudia y yo fuimos los últimos en bajarnos. Mientras nos alejábamos noté que la mujer, que ahora a la distancia me parecía ciertamente una joven, llevaba un verdadero niño en la cangurera. Se quedó sola en el Transmilenio hablando de las raras propiedades de sus productos a los asientos vacíos.


Magdiel Torres Magaña (Tepalcatapec, Michoacán, México, 1982). Licenciado en Letras Hispánicas por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y Maestro en Historia por la misma casa de estudios. Premio de Poesía Carlos Eduardo Turón con el libro «Los días con el otro», en 2011, y Premio de Cuento Xavier Vargas Pardo por el libro «¿Tiene usted la Biblia en casa?». Publicó «Una tumba para el Santa Elizabeth» (IVEC, 2019) y fue becario del Programa de Estímulos a la Creación y Desarrollo Artístico en el periodo 2018-2019. En 2020 ganó el primer lugar del Concurso de Cuento Ignacio Padilla, en Querétaro. Actualmente es candidato a doctor en Literatura Hispanoamericana por la Universidad Veracruzana.


El presente es parte de la selección de ©Alfonso Valencia, 2021, editor en ©DUBIUS, junio-julio, 2021.

Lo que se oculta tras la imagen, por Rafael Tiburcio García

Devoción por la piedra, del poeta y ensayista Jorge Ortega, obtuvo el premio internacional de poesía Jaime Sabines al final de un periodo específico (2007-2010), en el que las bases retóricas y el verso metrado vieron un breve renacimiento en algunas de las corrientes de la poesía mexicana. No es que la métrica y la retórica no se practicaran antes o después de ese periodo, pero la recuperación de cierta musicalidad por parte de un puñado de autores, entre el verso libre predominante de antes y el auge y decadencia del conceptualismo, los poemojis o la llamada alt lit, mostró a sus generaciones contiguas, atadas o desligadas del postmodernismo, que las formas clásicas aún guardaban la posibilidad de expresarse del modo que les es común sin ser, por ello, anticuadas.

Miembro del Sistema Nacional de Creadores desde 2007, Jorge Ortega procura no atarse a poéticas específicas que acoten su propuesta creativa, como ha ensayado en sus otros títulos: Ajedrez de polvo (Tsé-tsé, 2003), Estado del tiempo (Hiperión, 2005) o Guía de forasteros (Bonobos, 2014). Si bien los temas y las formas que predominan en su obra remiten a un temple más clásico, este temple se actualiza en ciertas referencias, escasas pero suficientes, para situarnos sin titubeo en un espacio y en una sensibilidad contemporánea.

Dentro de sus influencias asumidas reconoce a Píndaro, Lucrecio y Ovidio, Góngora, Lezama, Gorostiza, Walcott y Machado. Sin embargo, Devoción explora, de una manera más próxima y actualizada, la influencia y temáticas de Nezahualcóyotl, a través de la fugacidad de la vida, expresada mediante el agua, la memoria o la persistencia de lo imperecedero, representadas en la roca, y la comprensión de lo aparentemente azaroso. Temas como el carácter de la materia, la naturaleza y el paso del tiempo son parte de su inquietud poética, que expresa mediante el uso mesurado de cierta saturación de registros y palabras cultas. Pero el uso de éstas no se limita a un bluff, sino que echan raíces en los poemas, para que estas palabras cultas expresen lo que Ortega desea.

Es mediante estos elementos que la voz poética reflexiona sobre la observación de los detalles del paisaje, la botánica, la geografía y las miradas detrás de las impresiones, con la musicalidad elegida de la silva modernista mayoritariamente en verso blanco, a través de una expresión clara que, según Jorge Fernández Granados, descansa muchas veces la literariedad en valores de la imagen y más allá de ella: “Los poemas de este libro surgen sin duda de un fino observador que se detiene, con admiración, ante los detalles irradiantes de un paisaje mediterráneo o ante una pequeña ruina a orillas de la ruta habitual”, pero también en la música de las palabras y sus patrones de acentuación. Y esta acentuación, este ritmo, es importante en Devoción porque es la única regla autoimpuesta que, si bien se permite algunos juegos formales, no se deconstruye en la mayoría de los versos del poemario.

El libro establece un discurso que liga la memoria y la fragilidad con la luz para expresar los tópicos del tiempo y la muerte. Si bien la nostalgia parece dominar algunos poemas, se trata de una nostalgia fría, una exploración emocional pero lucida y racional de nuestros trayectos por el pasado, y del pasado mismo del mundo que escapa a los sentidos y que sólo experimentamos al racionalizarla, al forzar la comprensión (de ahí el uso de palabras cultas en su justo contexto) de todo lo que estuvo o pudo estar en el paisaje, o alrededor de nuestros propios recuerdos.

Estructuralmente el libro se divide en seis secciones de diez poemas cada una, con excepción de la última, que sólo tiene nueve. En estas secciones el poeta reflexiona sobre su propia contemplación de los elementos del mundo, como la luz y la manera en que ésta modifica o da otros visos a la realidad que se observa. El azar, el recuerdo, la piel y la fragilidad también forman parte del discurso. A la fuerza imperecedera de la roca contrapone la mutabilidad de los recuerdos, mediante imágenes de agua, inundaciones, riadas y lluvias que metaforizan a la memoria como algo que fluye, se enturbia, se ilumina, se pierde o nos arrastra con ella.


El poemario inicia con “Levadura”, en cuyos poemas la luz modifica o levanta la realidad observada, como si se mirase a través de un vitral que varía el espectro y ofrece espectáculos únicos cada vez; o como si la memoria pudiera ser iluminada por la nostalgia hasta la deformación o el olvido de algo como el recuerdo de un amigo de la infancia.

“Magisterio de signos” es un poema que intercala endecasílabos heroicos y melódicos, en el que nos habla del cielo matutino como algo que se puede leer, al igual que las estrellas del cielo nocturno.

El cielo es un enorme silabario,
un vasto pizarrón de agua compacta
donde aviones y pájaros escriben
la efímera sentencia de su vuelo

“Teoría de la luz” es un poema impresionante en el que el polvo a contraluz equivale a la contemplación de las constelaciones del universo, a ver el mundo completo a través del polvo para que, cuando la luz entre y borre la visión de estas partículas, tengamos la sensación de que el universo vuelve a crearse.

El polvo gravitaba con el ritmo
de una constelación en movimiento,

y todo cabía ahí:
                   las conjeturas
y formas del deseo,
                   los audaces
polígonos del sueño…

“El momento” cierra magistralmente este apartado con la reflexión melancólica de una luz fortuita, perfecta, que una pareja buscó durante años para su casa, sin encontrarla, y que sólo hallan cuando se están yendo y observan el espacio vacío a la luz del papel albanene que tapia las ventanas.

Y no es la intensidad sino su modo,
el gesto de filtrarse en el comedor,
aderezar la mesa,
encandilar las páginas de un libro
leído al medio día.

El ángulo, la forma
en que redimensiona los objetos
ya dentro de la casa,
el viso con que alivia el azulejo
como un mantel de agua
de quietos resplandores.

En “Resistencia de los materiales” los temas poéticos generales se centran en el azar, el recuerdo, la fragilidad y la introspección, como en “Éxitos musicales” en el que recordar una canción vieja remueve sensaciones del pasado, pero al estar en otro país, algo no encaja en el recuerdo. “Pretexto de lugar” hace lo mismo, amplía la imagen de lo eterno y lo efímero, lo que nace y lo que muere; dos personas en un hospital separadas por un muro, y ese muro divide también lo distintas que son sus vidas.

el pedregal y el huerto,
la piel junto al cascajo,
el parto y la convalecencia
en un mismo pasillo de hospital.

“Lección de biología” presenta la ligereza de las aves, al contrario de las personas que nunca terminamos de caer, de acatar la gravedad y mirar al cielo. Mientras que en “Resistencia de materiales”, uno de los poemas que alude al título del libro, observamos el predominio del mineral que resiste el paso del tiempo, mientras nosotros nos desintegramos como un tallo al pie de una cantera.

La tercera sección, “Diapositivas”, es una que opta por formatos como la prosa, el versículo y el aforismo, y parece describir una noche mirando las filminas de un viaje antiguo mientras reflexiona sobre cada momento capturado. Muchos de estos poemas fueron escritos en Europa, mientras Jorge se doctoraba en Filología Hispánica en Barcelona y, a las instantáneas casi visuales que representan, Fernández Granados añade que se trata de poemas que dialogan “con aquello sin lo cual una imagen es sólo un hexagrama sin interpretación. Así el hombre que observa tras la cámara portátil es quien advierte lo que a la cámara se oculta o lo que se ha desvanecido de sus impresiones”.

El tema principal es el recuerdo, al cual compara con el flujo del agua; las crecidas, las tormentas, entre otras, anuncian la memoria como un flujo constante. Si bien en este apartado no tenemos la contundencia de poemas sueltos de otras partes del libro, los poemas de “Diapositivas” ganan por acumulación, dando fuerza a un discurso en el que la memoria se desborda. Curiosos es que otro elemento metafórico de la memoria del que echa mano es la piel y sus conceptos contiguos: el cuero, las crines, los pelajes.

“Filmina I”, por ejemplo, menciona que la memoria es un manglar que crece en un pantano mientras nosotros morimos, mientras contamina el pantano. En “Filmina III”, un traspatio y sus objetos revelan que el tiempo desgasta y cose todo en un gris uniforme de depredación y entropía. Y la revelación es que estamos ante una imagen solamente, una vaga sombra de lo que se recuerda.

Qué más distingues entre la maraña gris que las décadas han ido cosiendo… Menciona uno a uno los hallazgos, las siluetas legibles. Inventario de un reino conferido a la depredación de lo infinito.

“Filmina X”, escrito en versículos, enuncia que una parte de ti muere cuando otros te olvidan, como árbol solitario en medio de la planicie; mientras aquí amanece allá en la memoria del otro comienza la noche, por lo que nos volvemos seres que viven a destiempo unos de otros, ¿tiene la última palabra el que la dice o el que la escucha?

Irónicamente, me parece que los poemas en prosa son más crípticos, como si el espacio ocupado por el texto en el folio ocultara lo expresado y sólo tuvieran sentido aquellas oraciones en las que, al añadir las cesuras artificialmente, surgieran de nuevo los versos ordenados.

“Cantares de gesta” es otra exploración de la memoria personal a partir del viaje emprendido. De una manera veladamente posmoderna se sitúa la memoria en puntos específicos que ven al mundo moverse de forma veloz y perecedera. Se explora la memoria de los objetos y del paisaje mientras transcurren las eras, mediante sonidos e imágenes.

“Tabla del Románico”, de versos impares y pares anuncia: si solo manchas quedan del pasado, ¿qué quedará de nosotros?, ¿será nuestro presente más mundano el arte y la historia del mañana?, ¿será nuestra época el oscurantismo del mañana? El esplendor del pasado para nosotros son manchas. En “Después de la batalla” nada logra permanecer. Nosotros también cambiamos y las costumbres viejas se pierden. El mundo cambia y cambian sus caminos. Pero sobrevive la roca y el paisaje, las ruinas y los animales que, igual que hace millones de años, van por el mundo. “Rosa náutica” nos posiciona al centro de la experiencia del mundo, un centro personal que yace al fondo de una memoria oscurecida, como una caja negra que guarda lo visto de forma borrosa. Y ese recuerdo vago volverá en cualquier lugar en el que estemos.

El penúltimo apartado, “Breve curso de historia natural” abandona momentáneamente la perspectiva del libro para abordar la sensualidad y la compañía, los poemas en éste exploran diversos tipos de amor: el romántico, el carnal, el platónico, el de pareja, el imposible. “Tópicos de anatomía”, por ejemplo, narra la cita entre dos personas, “Hallazgo” explora la imagen de una mujer que duerme en calma en el campo, mientras alguien se viste a su lado sin despertarla, una imagen que se perderá cuando despierte. “Reinvención del fuego” trata del recuerdo del amante lejano, “Edad de Bronce”, de despertar junto a la amada y “Guerra florida”, el encuentro carnal.


En este punto, me interesa destacar el uso de la forma y ciertos recursos métricos y estructurales que, a modo de exploraciones, realiza Ortega. En “Palabras de la tribu”, la ambigüedad, la cesura y el corte de los versos es un juego en contante intercambio.

va de prisa
hacia ninguna parte
o se sacude el polvo…

parecen custodiar desde lo alto
el surtidor
                  de sílabas
                                     ardientes.

Por otra parte, en “Frecuencia modulada”, que intercala endecasílabos heroicos, melódicos y dactílicos, es interesante que una forma de enfatizar la modulación de la frecuencia sea mediante la frecuencia del metro en sí. En este poema, una canción nos sigue y nos hace volver a una escena concreta de juventud, mientras la pérdida de la señal, el ruido blanco, es metaforizado con la espuma de cerveza.

Una canción te sigue hasta Madrid
A través de los años. El espejo
De la barra te ofrece las facciones
Del muchacho que fuiste en la segunda
Mitad de los ochenta. Quién diría…

Me interesa en particular el poema “Sumario de alquimia”, quizá mi favorito de todo el libro. En éste, el encabalgamiento de las oraciones, la mitad de una y la mitad de otra en el mismo verso, enfatiza formalmente la alquimia de comunión que ocurre en el poema en sí. Las mismas oraciones de los versos poseen a los dos sujetos, primero a uno y luego al otro y la separación va marcada por el corte del verso. Estos cortes coinciden casi todos con el cambio de sujeto; pero cada verso, con las dos mitades de oraciones, pertenece a un mismo sujeto:

Tu cuerpo es una prótesis del mío
y viceversa:
		    soy
una extensión de ti. Si me incorporo
tú completas el gesto. Si algo miras
yo lo miro también. Si me pronuncio
tú concluyes la frase. De igual suerte
yo apuro en ocasiones las elipses
de tus ademanes
			o termino el dibujo
que trazan en el aire
tus ojos sorprendidos.

Al mismo tiempo que ocurre esto a nivel formal, la alquimia del amor que une dos cuerpos en uno es expresada en el poema, pero une también dos puntos de vista e ideas que se unifican y experiencias que se comparten. Y se preguntan por qué existe esa sintonía, si es real o artificial. Luego nuevamente los encabalgamientos se explicitan y el semblante de los amantes se duplica como en un espejo, es un detalle sutil, sin embargo, da cuenta de un cuidado profundo para que el poema se corresponda a nivel formal con el tema que enuncia:

Dos seres se traslapan. Sus estribos
tienden a diluirse. El parecido
se magnifica en la fisonomía
cuando ambos intercalan sus fronteras
y de un telón de niebla va surgiendo
la isla de un semblante duplicado.

Así, el amor es concebido como la alquimia que une y transforma los elementos pesados en oro.

La última parte, “Brisa de resurrección”, retoma los temas del azar, la memoria y aquello que se vuelve poético tras contemplarlo un instante. “Rutas alternas”, poema que cierra el libro, habla sobre el tiempo tras el viaje, el que nos mostró maravillas y que ahora está perdido. Ante esto, dice, es válido negarse y elegir el camino más largo para volver.

No renuncies al margen
de azar que te convida el desacierto:
detrás del promontorio de la duda
aguarda la ganancia
de la revelación o el desengaño.

Y es sólo al atar todos estos cabos que cobra sentido esa devoción que anuncia el título, esa intención de facultar a la piedra de características divinas que nos muestran, a fuerza de comparar nuestra fugacidad con ellas, los misterios del tiempo y la desintegración.

Ante esta lectura quedan algunas dudas, tanto formales cómo temáticas. La silva es la forma estrófica predominante en Devoción por la piedra, seguida de otros metros como el endecasílabo, el versículo, la prosa poética y el verso libre. Me resulta interesante saber a qué obedece esa ruptura. Cómo elige Jorge Ortega sus formas métricas y cuándo romper, en uno o dos versos de cada poema, esas reglas impuestas por los metros hepta y endecasílabos.

También me parece relevante cuál es la relación metafórica de la piel y el cuero y las crines y lanas con la memoria, salvo por aquellas imágenes que, como en el agua, dotan a la piel de posibilidades como el olor, el tacto, la flexibilidad o el desprendimiento.

Todas estas son preguntas que podemos plantear al poeta, cuyas respuestas posiblemente esperen ocultas detrás de los versos.

Devoción por la piedra (poesía)
Autor: Jorge Ortega
Mexicali, México
Coedición: CETYS Universidad / Mantis Editores – Luis Armenta Malpica
2016, 138 pp. ISBN: 978-607-9397-32-6


Rafael Tiburcio García (Villahermosa, 1981). Escritor, melómano y locutor. Vive en Pachuca. Es maestro en Estudios Humanísticos en Literatura por el ITESM. Ha colaborado en La Revista de la Universidad de México, Marvin, Círculo de Poesía, Vozed, Página Salmón, Planisferio y Melómano. Es editor de la revista electrónica de ciencia ficción Espejo Humeante. Produce y conduce los podcasts Espejo Humeante e Indisciplina. Es autor de Cuentos de bajo presupuesto y la novela Rabia | Ikari. Su obra ha sido reconocida con una mención en el Premio Bellas Artes de Narrativa Colima para Obra Publicada 2016, el Premio de Cuento Ricardo Garibay 2014 y el primer lugar en el Concurso Nacional de Literatura ISSSTE 2018. Próximamente publicará su tercer libro, Hard bop. Gestiona sus redes como @juancorvus.


El presente es parte de la selección de ©Alfonso Valencia, 2021, editor en ©DUBIUS junio-julio, 2021.

Wokepedia o el miedo a la diferencia, por José Antonio Manzanilla Madrid

Me persigue una idea, nacida el momento en el que empecé a relacionarme a un nivel personal con mis estudiantes. Si bien doy clases desde hace una década, no desarrollé una verdadera pasión por esta profesión hasta hace unos tres o cuatro años. Los jóvenes empezaron a importarme: quizás porque yo estaba dejando de serlo, o porque me vi peligrosamente reflejado en ellos. No me gustó pensar en cuán parecidos éramos, a pesar de ser tan distantes en nuestras edades. Porque yo me asumo como lo que fui: un adolescente inspirado, generoso y crítico, pero también anclado en diversos estereotipos con los que construí un mundo que justificaba mis errores. Y desde la observación y el diálogo, descubrí que, a pesar de la ingente cantidad de información que estos jóvenes me llevan de ventaja, no eran diferentes a mi reflejo adolescente: el sexismo, la misoginia, la xenofobia, el racismo y clasismo que identificaron mis errores eran también los suyos. Acaso más pronunciados los de ellos; el arrojo de los argumentos juveniles sí que es mayor en estos tiempos.

Hablamos de una generación, la mía, que se educó tan deficientemente como la de ahora. No aplicaré aquí ese rancio concepto del tiempo pasado que fue mejor, porque no lo era: el pasado era acaso peor que el presente. La ventaja de los adolescentes actuales reside en la discusión pública, hiperbolizada por la inmensidad del internet, sobre lo que antes dábamos por sentado como parte de la normalidad. Esta discusión confronta, de lleno y sin matices, al ser humano con su propio retrato de Dorian Gray: el espejo de la diferencia, de aquello que no aceptamos porque, simplemente, es distinto a lo que consideramos “normal”.

Apelando al sentido común, no tendría que existir demasiada controversia: la realidad evoluciona y todos podemos entender que las prácticas del pasado tienden, naturalmente, a la adaptación o la extinción. ¿Por qué entonces cuesta tanto, en nuestros días, el aceptar que las cosas tienen que cambiar?

No trataré de considerar una respuesta unívoca, sino un cúmulo de posibles razones. La nostalgia es una de las principales: si el pasado que me dio la felicidad se ve amenazado por una mirada crítica que lo vuelva a significar en todas sus dimensiones negativas, mi propia felicidad pasada corre el riesgo de convertirse en un reflejo de esta negatividad. ¿Cómo es posible que eso que me hizo tan feliz pueda ser tan abiertamente nocivo? ¿Por qué pensar que una buena cantidad de capítulos de Los Simpson puede estar cargada de un sardónico racismo y un maniqueísmo moral avasallante? ¿Cómo podría ser sexista y misógina (y clasista y racista y…) una serie como How i met your mother, si es casi el decálogo de mis afectos y personalidades? La obra de Salvador Elizondo o Chuck Pahlaniuk, la música de Ariel Pink, Morrisey o Joaquín Sabina, la izquierda liberal latinoamericana y su raigambre machista y reaccionaria, la derecha genocida que tan bien trató a nuestros padres…el etcétera es largo e incómodo, pero necesario.

Vivimos una o varias vidas apelando a los matices para justificar estas dolencias: la ironía, la incorreción política, la crítica totalitaria y global, la libertad de expresión. Y de tantos justificantes sólo quedó el lienzo rasgado de una bandera ilusoria, esa que promueve la “normalidad” desde la nebulosidad del relativismo, sin entender que el dolor causado por esa misma normalidad puede señalarse, localizarse, nombrarse.

Y aquí entra la “wokepedia”: la construcción de la resistencia ante la normalidad, erigida desde la segmentación de las marginalidades históricamente ignoradas, esas que para nosotros eran parte de un discurso, pero no de la realidad. Empezaron a hablar, a nombrarse: esas mujeres que existieron siempre y gracias a quienes el mundo existe todavía, a pesar de nuestra formación feminicida; esos homosexuales que sólo eran personajes de comedia, ridiculizaciones extremas, villanos de cartón; esas lesbianas que eran el reflejo de un deseo pornográfico ajustado a los estándares inalcanzables de la vanidad; la disidencia de género, de origen, del color de la piel, de nacimiento y clase. El desapego a este país y a este mundo que fuimos todos y que en realidad sólo éramos unos cuantos. Esas voces, multiplicadas y amplificadas por el poder de la banda ancha, llamaron la atención, incomodaron. Y aquello que siempre fue normal, dejó de serlo, para empezar a ser diferente.

Empezaron cambiando el lenguaje, porque las palabras importan; exigiendo su participación en el escenario mundial, porque la imagen es poderosa y la presencia habla por sí misma. Exigieron un pequeño adelanto de esa deuda histórica que será cobrada con o sin nuestro consentimiento. Y no sólo les cambiaron el diseño a tus dibujos favoritos y enterraron a nuestros ídolos de cristal: también te enterrarán a ti, a mí, en la ignominia histórica de la intolerancia, si no logramos entender que aquel que es diferente, también somos nosotros. Desde la empatía más elemental, desde la pertenencia a esta tierra tan decrépita y ardiente, todavía.

Le llaman woke, “haber despertado”, en el pretérito perfecto de mi lengua. Lo denostan millones, lo inspiran muchos, y otros tantos intentamos entender, desde la insuficiencia de las buenas intenciones. Se cree, erróneamente, que su movimiento busca quemar la tierra que pisa, que la cancelación totalitaria de los discursos del pasado es su único objetivo. Estas ideas hablan más de quien las inventa que de aquellos a quienes van dirigidas. No es de cancel culture de lo que hablamos; bien sabemos que esa es solamente otro preámbulo para la impunidad. De lo que sí hablamos es de amplificar el criterio: de observar al pasado y a sus productos culturales y sociales como consecuencias de su origen, de señalar sus defectos y encontrar, si lo tienen, su valor intrínseco, agregándole, a aquello que lo mereciera, el valor de la trascendencia por encima de los matices de su concepción. Y claro, aunque duela, desechar simbólicamente aquello que lo merezca.

Y, aún así, todavía no lo entiendo del todo. No lo he vivido, no lo conozco de primera mano. No creo estar totalmente despierto, ni creo que alguien más lo logre por completo. Siempre caeremos en la incomprensión de la distancia sensible y empírica. Pero lo aprecio porque es parte de este mundo y lo ayuda a evolucionar, a ser más humano, más completo en su esencia vinculante. Porque lo que no soy, también me construye, y lo que no conozco, me permite ilusionarme con todo aquello que puedo ser capaz de saber y de ser. Eliot y Pacheco dijeron:

Dices que repito
Algo que he dicho. Lo diré nuevamente.
¿Lo diré nuevamente? Para llegar ahí,
Para llegar adonde estás,
Para salir desde donde no estás,
Debes ir por un camino en donde no hay éxtasis,
Para llegar a lo que no sabes
Debes ir por un camino que es el de la ignorancia.
Para poseer lo que no posees
Debes ir por el camino de la desposesión.
Para llegar a lo que no eres
Debes ir por el camino en que no eres.
Y lo único que sabes es lo que no sabes….
Y lo único que posees es lo que no posees
Y en donde estás es en donde no estás.

Y yo les creo.


José Antonio Manzanilla Madrid es un profesor de literatura y lenguaje, con un interés especial en las relaciones que establece el espacio literario con la filosofía, las narrativas digitales y la construcción de nuestras diversas identidades. Su última colaboración fue en el libro Inflexiones de la autobiografía. Un proyecto editorial y una generación de escritores mexicanos (ISBN 978-607-441-638-1) con el artículo “El relato de la vida que vale. Salvador Elizondo y su autobiografía precoz”.


El presente es parte de la selección de ©Alfonso Valencia, 2021, editor en ©DUBIUS junio-julio, 2021.

Un guion del Pimentón intercalado con 5 poemas e ilustraciones, por Sué Lugo

Hi!
My name is Sue
How do you do?
Now you gonna die!

SO

SUE ME
SUE U
SEE U
SEE ME
SUE U

And fuck the bastard that named me Sue

1,2,3,4

¡Hola!, mi nombre es Pimentón y estamos transmitiendo desde Pachuca la Bella Airosa, en donde he aprendido que todos los monumentos usan cubrebocas. Omar Fayad aplicó la Jerry Only con su bandita en el brazo musculoso para auto vacunarse y que Jesús inventó el crossfit. Estos son los 31 burdeles del Pimentón y todo ha salido mal. Mi nombre es Sué Lugo y vámonos riqui martin…

Danger Zone 1: La Central de Abastos

Es de noche y la cara de Robert De Niro te dice que la ciudad es un asco en cada gota de cochinada que te cae en la cara. Estás harta de hablar con los personajes de las películas que ves y tratas de concentrarte en el camino y no en la verruga de Travis Bickle. Are you talking to me? Ahora piensas que La cosa del otro mundo habita la suciedad de las calles: un ente pegajoso que invade silenciosamente las ventanas, zapatos, piel, paredes. Por más que saltes como Rasputin de Boney M. (grupo de música disco de los 70s inventado por el alemán Frank Farian, también creador de Milli Vanili //paaapaaa baiby, dont forget my number//, e interpretado por 4 afroamericanos, entre ellos el pirata Bobby Farell //Ra-ra Rasputin//), no te puedes quitar la suciedad. Cualquier paso que des puede convertirse en el hoyo negro de la memoria. Estás sensible y mientras pedaleas visualizas la cara de Robert de Niro dando vueltas en la estrella de la bicla, repitiendo: Are you talking to me? Alita compite contra el asfalto y la velocidad. Termina debajo de una ola de porquería producida por el paso de un tráiler.  Imagina que fue su papá y se emputa mil. La bici exhala y pierde velocidad mientras las coloridas luces del tráiler se van alejando hacia la entrada de la Central de Abastos. Tu llanta suspira y está más flácida que una verga de eunuco. Las calles por esa área de Iztapalapa son largas y sin alumbrado. Recuerdas la legendaria historia que tu primo te contaba: de la primera vez que escuchó a su tía decir una grosería. Interfiere el recuerdo de la cachucha de trailero de tu papá. La distorsión mental empieza. Llegas a casa: vieja, cansada, sin ilusiones ni motivación.

Clash, clash clash
Las gotas de agua caen sobre mi cara, 
se esparcen por todo mi cuerpo.
¡Fresco!
Un hombre cara de huevo se acerca, 
va fumando un cigarro.
¡Fun!
Respiro el humo, 
huele a Delicado.
Hace frío y haces falta.
1,2,3
Le doy una mordida al jitomate, 
el jugo se escurre por mis dedos, 
el sabor se disuelve en mi boca.

i n t e r f e r e n c i a

La última gota llega a las tres de la mañana, 
una hormiga se acerca,
 pasa a lado de mi pie, 
 trato de hablar con ella 
apresura su paso.
Huye.
Primero pongo cara de decepción, 
tristeza,
me voy escurriendo hasta llegar al suelo. 

Otra hormiga se acerca, 
la veo con zoom, 
se sube a los residuos de cara: 
cosquillitas, 
tap, tap, tap,
baila,
 parece que le gusta.
¡Plac! 

Cierro los ojos, 
me muevo.
¡Swing!
¡Estoy volando! 
Ahí está mi casa, 
mi perro,
mis plantas. 

Me acerco a la ventana, 
estoy dormida. 

¿Dónde estás tú?
Doy vueltas en círculo.

¡Dsss! 

Una mosca me acompaña, 
toma mi mano.

Apesta, 
jitomates podridos, 
horizonte rojo. 
Cuerpo inmóvil.

 Pic, pic, 
varita mágica.
¡Eras tú! 

La luna nos observa,
 no dice nada, 
vuelo hacia ella, 
se ve algo lejos. 
Me despido.

Danger Zone 2: Apatlaco

La noche era nocturna y llena de tótems eléctricos que susurraban la hora de tu accidente. 8:54 PM. Te sientes muy sacalepunta con tus nuevos pedales de aluminio que tienen más agarre porque son más anchos y, sobre todo, porque se los quitaste a un niño. La satisfacción de quitarle un dulce a un niño es innegable… Pero no llores, niño. Eso no es de hombres. El placer es momentáneo solo que aún no lo sabes e ignoras las advertencias de los gigantes totems eléctricos de la CFE. Tu ego incrementa proporcionalmente a la velocidad y piensas: La vida es bella. //Lets go get sushi and not pay!!! Bang !! Bang! Bang!!// Me dieron en la oreja y una botella de salsa ketchup se rompe. Tuve un encuentro cercano del tercer tipo con un taxi. //Yo yo yo te paro el taxi, el taxi//. Una luz verde tóxica emana del interior del auto. El conductor usa unos lentes de pasta negros y balbucea incoherencias mientras conduce. Se da cuenta que se pasó para dar la vuelta a la derecha y procede a cambiar de Drive a Return of The Living Dead. Zu Zu Zu. La velocidad aumenta y sólo queda esperar la colisión. No quieres saber lo que hay en la cajuela. Los vehículos se besan con todo el metal. La cajuela abre sus fauces para comerse la carne del ciclista y así deambular como Carrie ensangrentada por la ciudad. Supe que era mi tipo de Ciudad desde la primera vez que la vi. La ciudad Hot Wheels, es nueva y ofrece grandes emociones, calles que suben y bajan, banco, estacionamiento de dos niveles; hasta un lugar donde venden hamburguesas. Una ciudad hecha para divertirse. Yo estaba a punto de mudarme a ella pero me enteré que sus calles se cierran a las 8. ¡¡Ciudad Hot Wheels, con la calidad y garantía Pimentón!!

“el único peligro que corres es el de mis bestiales besos»

CASA I
El peso que oscila para medir el tiempo 
se ha detenido.
La ausencia del Tic Tac invita al vacío a pasar a casa.
Se queda mudo,
 el tiempo se siente como una babosa.

La casa se estrecha como la cavidad de una pre adolescente.
Promete sofocarme poco a poco.
Me promete escuchar las silabas del tiempo.
Me promete descubrir la falta de circulación,
estática.
Asegura drenar mis ojos,
enseñarme el verdadero self discover.

La casa se sofoca, 
intenta desesperadamente respirar.

Sus costillas se abren
ON
ansiosas por morder
OFF
dejan entrar a las merodeadoras de la muerte
vigilan.

La descomposición empieza,
ellas susurran el nombre del lugar perdido en mi corazón.
Embriagan el lugar de rojo consiguiendo pausar el movimiento.

Entrando en el loop de un carrusel
giro sin hallarme,
giro sin extremidades,
giro sin centro de gravedad,
giro sin caricias,
giro sin suerte:
la apuesta se hace.


Poco 
a 
poco,

en cada contacto irregular
la palidez se encarna
confundiendo la mente.

Dificultando reconocerse 
pronto la forma que era frecuente
se convierte en la afirmación
<< no parece él >>


CASA II
Las paredes del baño encostran el recelo de tu imagen.

Me encuentro frente al espejo
tratando de usurpar esa cara tuya.

Me encuentro desflorando mi ceja, 
repitiéndome cuanto me amabas.
En cada agarre
te escucho jurar tu eterna compañía.

Uno a uno va cayendo el pelaje,
recobrando la pureza de Eva antes de Adán.

Y con cada tronco caído
me acerco más a ti.

El cuero no resiste más
empieza a llorar
secretando la tristeza que cargo por dentro.

Y con cada pétalo caído
la dermis se asemeja a ese mármol de las máscaras mortuorias.

Aún puedo ver la transparencia de mis venas tocar la superficie.

El tiempo de solidificación adelanta su reloj para sellar mi arco de cupido
junto a su hermano inferior
rescatando el arte perdido de guardar secretos.

Danger Zone 3: Parque de la Plaza Juárez, Pachuca, Hidalgo

Mientras caminábamos por la Plaza Juárez para conseguir el desayuno, Alfonso me contó que vio a Rita Guerrero con Ensamble Galileo en el teatro Romo De Vivar, a lo cual yo pregunté: ¿di mi bar? Y él contestó, No. Como el Cid campeador, Rodrigo Díaz de Vivar. Y dijo que tenía una foto del Warpig con su máscara de la Parca. /eeeeel Warpig, eeeeel reverend, eeeeel nacho y uili. Somos Lost Acapulco// en el mismo teatro, amagándole un cigarro a un escucha, todos sentaditos porque era un teatro y el Warpig tiene clase. Seguimos avanzando por un parque y en un banca estaba sentada un pareja besándose con todo y pandemia covid. A lo cual, Alfonso, el Campeador, recordó: Este parque es muy raro porque a la gente le gusta venir a fajotear intensamente al pasto. Siempre hay viejos cochinos que se quedan viendo a las parejas de pubertos mientras frotan sus ropas y recorren la pista del cuerpo como Hot Wheels. Una vez, mi novia y yo estábamos matando tiempo antes de ir a nuestra clase de inglés en una banca. Y noté que un señor se sentó a un lado de nosotros. Tenía las manos en la zona del zipper. Seguimos platicando, luego empezó a hacer sonidos y lo volteé a ver. Me saqué de pedo, tomé la mano de mi novia y mejor nos fuimos. Al día siguiente, en un periódico amarillista, reconocí la cara del señor: se había muerto en esa banca de un paro cardíaco. Buenos días, ¿me puede dar tres pastes de carne para llevar?

TAXIDERMIA

Recorriendo la textura de la piel por el paladar
la lengua se ensancha
depositando cada litro de sangre en la pradera de papilas
deseosas de contacto

Crecen

Se enredan deletreando la Letra Escarlata
Sudando el deseo 
las sales se reúnen para lamentar tu ausencia.

El sabor del recuerdo entra vigorosamente,
sedimenta el molestar.
Mis poros se abren, 
dejan escurrir el fluido primogénito.

Es hora de olvidar el pasar de tu mano,
desollar el hueco que has ocasionado

y

l e n t a m e n t e

morderse la lengua
tratando de pronunciar tu nombre.

Los 31 burdeles del Pimentón. Episodio 14. 8 de noviembre de 2020:


Sué Lugo (Ciudad de México, 1989). Artista visual egresada de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda” generación 2008-2012. Cursó medio año de intercambio en la Hochschule für Bilden und Künste, Braunschweig en Alemania. Ha sido becaria del FONCA del programa Jóvenes Creadores generación 2014/2015 en la categoría de video. Actualmente tiene un programa de radio en Cáspita radio experimental. Haz clic aquí para visitar el archivo del programa.


El presente es parte de la selección de ©Alfonso Valencia, 2021, editor en ©DUBIUS junio-julio, 2021.