Dos poemas de Michelle Pérez-Lobo


Michelle Pérez-Lobo (1990, Ciudad de México)

Poeta y editora. Estudió Literatura Iberoamericana en la Universidad del Claustro de Sor Juana y una maestría en Lexicografía Hispánica en la Escuela de Lexicografía Hispánica de la RAE. Es autora de la plaquette de poesía Lo que perdimos y otros poemas (Aquelarre editoras, 2018) y de la exposición gráfica “un texto es un lienzo es un texto” (UCSJ, 2018). Ha publicado poemas, ensayos, cuentos y traducciones en El Universal, Letras Libres, Hispamérica, Tierra Adentro y Punto de partida, Indundación Castálida, entre otros. Sus videopoemas e intervenciones a textos han aparecido en El rizo robado, Mula blanca, Periódico de Poesía, Chiquilla te quiero y Colectivo Dubius. En junio de 2020 formó parte de la exposición virtual “Poéticas desde el encierro” organizada por la Galería Libertad de Querétaro. Fue becaria del Programa Jóvenes Creadores 2019- 2020 del FONCA en poesía.


El presente es parte de la selección de ©Arístides Luis, 2021, editor en ©DUBIUS agosto, 2021.

Lo que se oculta tras la imagen, por Rafael Tiburcio García

Devoción por la piedra, del poeta y ensayista Jorge Ortega, obtuvo el premio internacional de poesía Jaime Sabines al final de un periodo específico (2007-2010), en el que las bases retóricas y el verso metrado vieron un breve renacimiento en algunas de las corrientes de la poesía mexicana. No es que la métrica y la retórica no se practicaran antes o después de ese periodo, pero la recuperación de cierta musicalidad por parte de un puñado de autores, entre el verso libre predominante de antes y el auge y decadencia del conceptualismo, los poemojis o la llamada alt lit, mostró a sus generaciones contiguas, atadas o desligadas del postmodernismo, que las formas clásicas aún guardaban la posibilidad de expresarse del modo que les es común sin ser, por ello, anticuadas.

Miembro del Sistema Nacional de Creadores desde 2007, Jorge Ortega procura no atarse a poéticas específicas que acoten su propuesta creativa, como ha ensayado en sus otros títulos: Ajedrez de polvo (Tsé-tsé, 2003), Estado del tiempo (Hiperión, 2005) o Guía de forasteros (Bonobos, 2014). Si bien los temas y las formas que predominan en su obra remiten a un temple más clásico, este temple se actualiza en ciertas referencias, escasas pero suficientes, para situarnos sin titubeo en un espacio y en una sensibilidad contemporánea.

Dentro de sus influencias asumidas reconoce a Píndaro, Lucrecio y Ovidio, Góngora, Lezama, Gorostiza, Walcott y Machado. Sin embargo, Devoción explora, de una manera más próxima y actualizada, la influencia y temáticas de Nezahualcóyotl, a través de la fugacidad de la vida, expresada mediante el agua, la memoria o la persistencia de lo imperecedero, representadas en la roca, y la comprensión de lo aparentemente azaroso. Temas como el carácter de la materia, la naturaleza y el paso del tiempo son parte de su inquietud poética, que expresa mediante el uso mesurado de cierta saturación de registros y palabras cultas. Pero el uso de éstas no se limita a un bluff, sino que echan raíces en los poemas, para que estas palabras cultas expresen lo que Ortega desea.

Es mediante estos elementos que la voz poética reflexiona sobre la observación de los detalles del paisaje, la botánica, la geografía y las miradas detrás de las impresiones, con la musicalidad elegida de la silva modernista mayoritariamente en verso blanco, a través de una expresión clara que, según Jorge Fernández Granados, descansa muchas veces la literariedad en valores de la imagen y más allá de ella: “Los poemas de este libro surgen sin duda de un fino observador que se detiene, con admiración, ante los detalles irradiantes de un paisaje mediterráneo o ante una pequeña ruina a orillas de la ruta habitual”, pero también en la música de las palabras y sus patrones de acentuación. Y esta acentuación, este ritmo, es importante en Devoción porque es la única regla autoimpuesta que, si bien se permite algunos juegos formales, no se deconstruye en la mayoría de los versos del poemario.

El libro establece un discurso que liga la memoria y la fragilidad con la luz para expresar los tópicos del tiempo y la muerte. Si bien la nostalgia parece dominar algunos poemas, se trata de una nostalgia fría, una exploración emocional pero lucida y racional de nuestros trayectos por el pasado, y del pasado mismo del mundo que escapa a los sentidos y que sólo experimentamos al racionalizarla, al forzar la comprensión (de ahí el uso de palabras cultas en su justo contexto) de todo lo que estuvo o pudo estar en el paisaje, o alrededor de nuestros propios recuerdos.

Estructuralmente el libro se divide en seis secciones de diez poemas cada una, con excepción de la última, que sólo tiene nueve. En estas secciones el poeta reflexiona sobre su propia contemplación de los elementos del mundo, como la luz y la manera en que ésta modifica o da otros visos a la realidad que se observa. El azar, el recuerdo, la piel y la fragilidad también forman parte del discurso. A la fuerza imperecedera de la roca contrapone la mutabilidad de los recuerdos, mediante imágenes de agua, inundaciones, riadas y lluvias que metaforizan a la memoria como algo que fluye, se enturbia, se ilumina, se pierde o nos arrastra con ella.


El poemario inicia con “Levadura”, en cuyos poemas la luz modifica o levanta la realidad observada, como si se mirase a través de un vitral que varía el espectro y ofrece espectáculos únicos cada vez; o como si la memoria pudiera ser iluminada por la nostalgia hasta la deformación o el olvido de algo como el recuerdo de un amigo de la infancia.

“Magisterio de signos” es un poema que intercala endecasílabos heroicos y melódicos, en el que nos habla del cielo matutino como algo que se puede leer, al igual que las estrellas del cielo nocturno.

El cielo es un enorme silabario,
un vasto pizarrón de agua compacta
donde aviones y pájaros escriben
la efímera sentencia de su vuelo

“Teoría de la luz” es un poema impresionante en el que el polvo a contraluz equivale a la contemplación de las constelaciones del universo, a ver el mundo completo a través del polvo para que, cuando la luz entre y borre la visión de estas partículas, tengamos la sensación de que el universo vuelve a crearse.

El polvo gravitaba con el ritmo
de una constelación en movimiento,

y todo cabía ahí:
                   las conjeturas
y formas del deseo,
                   los audaces
polígonos del sueño…

“El momento” cierra magistralmente este apartado con la reflexión melancólica de una luz fortuita, perfecta, que una pareja buscó durante años para su casa, sin encontrarla, y que sólo hallan cuando se están yendo y observan el espacio vacío a la luz del papel albanene que tapia las ventanas.

Y no es la intensidad sino su modo,
el gesto de filtrarse en el comedor,
aderezar la mesa,
encandilar las páginas de un libro
leído al medio día.

El ángulo, la forma
en que redimensiona los objetos
ya dentro de la casa,
el viso con que alivia el azulejo
como un mantel de agua
de quietos resplandores.

En “Resistencia de los materiales” los temas poéticos generales se centran en el azar, el recuerdo, la fragilidad y la introspección, como en “Éxitos musicales” en el que recordar una canción vieja remueve sensaciones del pasado, pero al estar en otro país, algo no encaja en el recuerdo. “Pretexto de lugar” hace lo mismo, amplía la imagen de lo eterno y lo efímero, lo que nace y lo que muere; dos personas en un hospital separadas por un muro, y ese muro divide también lo distintas que son sus vidas.

el pedregal y el huerto,
la piel junto al cascajo,
el parto y la convalecencia
en un mismo pasillo de hospital.

“Lección de biología” presenta la ligereza de las aves, al contrario de las personas que nunca terminamos de caer, de acatar la gravedad y mirar al cielo. Mientras que en “Resistencia de materiales”, uno de los poemas que alude al título del libro, observamos el predominio del mineral que resiste el paso del tiempo, mientras nosotros nos desintegramos como un tallo al pie de una cantera.

La tercera sección, “Diapositivas”, es una que opta por formatos como la prosa, el versículo y el aforismo, y parece describir una noche mirando las filminas de un viaje antiguo mientras reflexiona sobre cada momento capturado. Muchos de estos poemas fueron escritos en Europa, mientras Jorge se doctoraba en Filología Hispánica en Barcelona y, a las instantáneas casi visuales que representan, Fernández Granados añade que se trata de poemas que dialogan “con aquello sin lo cual una imagen es sólo un hexagrama sin interpretación. Así el hombre que observa tras la cámara portátil es quien advierte lo que a la cámara se oculta o lo que se ha desvanecido de sus impresiones”.

El tema principal es el recuerdo, al cual compara con el flujo del agua; las crecidas, las tormentas, entre otras, anuncian la memoria como un flujo constante. Si bien en este apartado no tenemos la contundencia de poemas sueltos de otras partes del libro, los poemas de “Diapositivas” ganan por acumulación, dando fuerza a un discurso en el que la memoria se desborda. Curiosos es que otro elemento metafórico de la memoria del que echa mano es la piel y sus conceptos contiguos: el cuero, las crines, los pelajes.

“Filmina I”, por ejemplo, menciona que la memoria es un manglar que crece en un pantano mientras nosotros morimos, mientras contamina el pantano. En “Filmina III”, un traspatio y sus objetos revelan que el tiempo desgasta y cose todo en un gris uniforme de depredación y entropía. Y la revelación es que estamos ante una imagen solamente, una vaga sombra de lo que se recuerda.

Qué más distingues entre la maraña gris que las décadas han ido cosiendo… Menciona uno a uno los hallazgos, las siluetas legibles. Inventario de un reino conferido a la depredación de lo infinito.

“Filmina X”, escrito en versículos, enuncia que una parte de ti muere cuando otros te olvidan, como árbol solitario en medio de la planicie; mientras aquí amanece allá en la memoria del otro comienza la noche, por lo que nos volvemos seres que viven a destiempo unos de otros, ¿tiene la última palabra el que la dice o el que la escucha?

Irónicamente, me parece que los poemas en prosa son más crípticos, como si el espacio ocupado por el texto en el folio ocultara lo expresado y sólo tuvieran sentido aquellas oraciones en las que, al añadir las cesuras artificialmente, surgieran de nuevo los versos ordenados.

“Cantares de gesta” es otra exploración de la memoria personal a partir del viaje emprendido. De una manera veladamente posmoderna se sitúa la memoria en puntos específicos que ven al mundo moverse de forma veloz y perecedera. Se explora la memoria de los objetos y del paisaje mientras transcurren las eras, mediante sonidos e imágenes.

“Tabla del Románico”, de versos impares y pares anuncia: si solo manchas quedan del pasado, ¿qué quedará de nosotros?, ¿será nuestro presente más mundano el arte y la historia del mañana?, ¿será nuestra época el oscurantismo del mañana? El esplendor del pasado para nosotros son manchas. En “Después de la batalla” nada logra permanecer. Nosotros también cambiamos y las costumbres viejas se pierden. El mundo cambia y cambian sus caminos. Pero sobrevive la roca y el paisaje, las ruinas y los animales que, igual que hace millones de años, van por el mundo. “Rosa náutica” nos posiciona al centro de la experiencia del mundo, un centro personal que yace al fondo de una memoria oscurecida, como una caja negra que guarda lo visto de forma borrosa. Y ese recuerdo vago volverá en cualquier lugar en el que estemos.

El penúltimo apartado, “Breve curso de historia natural” abandona momentáneamente la perspectiva del libro para abordar la sensualidad y la compañía, los poemas en éste exploran diversos tipos de amor: el romántico, el carnal, el platónico, el de pareja, el imposible. “Tópicos de anatomía”, por ejemplo, narra la cita entre dos personas, “Hallazgo” explora la imagen de una mujer que duerme en calma en el campo, mientras alguien se viste a su lado sin despertarla, una imagen que se perderá cuando despierte. “Reinvención del fuego” trata del recuerdo del amante lejano, “Edad de Bronce”, de despertar junto a la amada y “Guerra florida”, el encuentro carnal.


En este punto, me interesa destacar el uso de la forma y ciertos recursos métricos y estructurales que, a modo de exploraciones, realiza Ortega. En “Palabras de la tribu”, la ambigüedad, la cesura y el corte de los versos es un juego en contante intercambio.

va de prisa
hacia ninguna parte
o se sacude el polvo…

parecen custodiar desde lo alto
el surtidor
                  de sílabas
                                     ardientes.

Por otra parte, en “Frecuencia modulada”, que intercala endecasílabos heroicos, melódicos y dactílicos, es interesante que una forma de enfatizar la modulación de la frecuencia sea mediante la frecuencia del metro en sí. En este poema, una canción nos sigue y nos hace volver a una escena concreta de juventud, mientras la pérdida de la señal, el ruido blanco, es metaforizado con la espuma de cerveza.

Una canción te sigue hasta Madrid
A través de los años. El espejo
De la barra te ofrece las facciones
Del muchacho que fuiste en la segunda
Mitad de los ochenta. Quién diría…

Me interesa en particular el poema “Sumario de alquimia”, quizá mi favorito de todo el libro. En éste, el encabalgamiento de las oraciones, la mitad de una y la mitad de otra en el mismo verso, enfatiza formalmente la alquimia de comunión que ocurre en el poema en sí. Las mismas oraciones de los versos poseen a los dos sujetos, primero a uno y luego al otro y la separación va marcada por el corte del verso. Estos cortes coinciden casi todos con el cambio de sujeto; pero cada verso, con las dos mitades de oraciones, pertenece a un mismo sujeto:

Tu cuerpo es una prótesis del mío
y viceversa:
		    soy
una extensión de ti. Si me incorporo
tú completas el gesto. Si algo miras
yo lo miro también. Si me pronuncio
tú concluyes la frase. De igual suerte
yo apuro en ocasiones las elipses
de tus ademanes
			o termino el dibujo
que trazan en el aire
tus ojos sorprendidos.

Al mismo tiempo que ocurre esto a nivel formal, la alquimia del amor que une dos cuerpos en uno es expresada en el poema, pero une también dos puntos de vista e ideas que se unifican y experiencias que se comparten. Y se preguntan por qué existe esa sintonía, si es real o artificial. Luego nuevamente los encabalgamientos se explicitan y el semblante de los amantes se duplica como en un espejo, es un detalle sutil, sin embargo, da cuenta de un cuidado profundo para que el poema se corresponda a nivel formal con el tema que enuncia:

Dos seres se traslapan. Sus estribos
tienden a diluirse. El parecido
se magnifica en la fisonomía
cuando ambos intercalan sus fronteras
y de un telón de niebla va surgiendo
la isla de un semblante duplicado.

Así, el amor es concebido como la alquimia que une y transforma los elementos pesados en oro.

La última parte, “Brisa de resurrección”, retoma los temas del azar, la memoria y aquello que se vuelve poético tras contemplarlo un instante. “Rutas alternas”, poema que cierra el libro, habla sobre el tiempo tras el viaje, el que nos mostró maravillas y que ahora está perdido. Ante esto, dice, es válido negarse y elegir el camino más largo para volver.

No renuncies al margen
de azar que te convida el desacierto:
detrás del promontorio de la duda
aguarda la ganancia
de la revelación o el desengaño.

Y es sólo al atar todos estos cabos que cobra sentido esa devoción que anuncia el título, esa intención de facultar a la piedra de características divinas que nos muestran, a fuerza de comparar nuestra fugacidad con ellas, los misterios del tiempo y la desintegración.

Ante esta lectura quedan algunas dudas, tanto formales cómo temáticas. La silva es la forma estrófica predominante en Devoción por la piedra, seguida de otros metros como el endecasílabo, el versículo, la prosa poética y el verso libre. Me resulta interesante saber a qué obedece esa ruptura. Cómo elige Jorge Ortega sus formas métricas y cuándo romper, en uno o dos versos de cada poema, esas reglas impuestas por los metros hepta y endecasílabos.

También me parece relevante cuál es la relación metafórica de la piel y el cuero y las crines y lanas con la memoria, salvo por aquellas imágenes que, como en el agua, dotan a la piel de posibilidades como el olor, el tacto, la flexibilidad o el desprendimiento.

Todas estas son preguntas que podemos plantear al poeta, cuyas respuestas posiblemente esperen ocultas detrás de los versos.

Devoción por la piedra (poesía)
Autor: Jorge Ortega
Mexicali, México
Coedición: CETYS Universidad / Mantis Editores – Luis Armenta Malpica
2016, 138 pp. ISBN: 978-607-9397-32-6


Rafael Tiburcio García (Villahermosa, 1981). Escritor, melómano y locutor. Vive en Pachuca. Es maestro en Estudios Humanísticos en Literatura por el ITESM. Ha colaborado en La Revista de la Universidad de México, Marvin, Círculo de Poesía, Vozed, Página Salmón, Planisferio y Melómano. Es editor de la revista electrónica de ciencia ficción Espejo Humeante. Produce y conduce los podcasts Espejo Humeante e Indisciplina. Es autor de Cuentos de bajo presupuesto y la novela Rabia | Ikari. Su obra ha sido reconocida con una mención en el Premio Bellas Artes de Narrativa Colima para Obra Publicada 2016, el Premio de Cuento Ricardo Garibay 2014 y el primer lugar en el Concurso Nacional de Literatura ISSSTE 2018. Próximamente publicará su tercer libro, Hard bop. Gestiona sus redes como @juancorvus.


El presente es parte de la selección de ©Alfonso Valencia, 2021, editor en ©DUBIUS junio-julio, 2021.

Un guion del Pimentón intercalado con 5 poemas e ilustraciones, por Sué Lugo

Hi!
My name is Sue
How do you do?
Now you gonna die!

SO

SUE ME
SUE U
SEE U
SEE ME
SUE U

And fuck the bastard that named me Sue

1,2,3,4

¡Hola!, mi nombre es Pimentón y estamos transmitiendo desde Pachuca la Bella Airosa, en donde he aprendido que todos los monumentos usan cubrebocas. Omar Fayad aplicó la Jerry Only con su bandita en el brazo musculoso para auto vacunarse y que Jesús inventó el crossfit. Estos son los 31 burdeles del Pimentón y todo ha salido mal. Mi nombre es Sué Lugo y vámonos riqui martin…

Danger Zone 1: La Central de Abastos

Es de noche y la cara de Robert De Niro te dice que la ciudad es un asco en cada gota de cochinada que te cae en la cara. Estás harta de hablar con los personajes de las películas que ves y tratas de concentrarte en el camino y no en la verruga de Travis Bickle. Are you talking to me? Ahora piensas que La cosa del otro mundo habita la suciedad de las calles: un ente pegajoso que invade silenciosamente las ventanas, zapatos, piel, paredes. Por más que saltes como Rasputin de Boney M. (grupo de música disco de los 70s inventado por el alemán Frank Farian, también creador de Milli Vanili //paaapaaa baiby, dont forget my number//, e interpretado por 4 afroamericanos, entre ellos el pirata Bobby Farell //Ra-ra Rasputin//), no te puedes quitar la suciedad. Cualquier paso que des puede convertirse en el hoyo negro de la memoria. Estás sensible y mientras pedaleas visualizas la cara de Robert de Niro dando vueltas en la estrella de la bicla, repitiendo: Are you talking to me? Alita compite contra el asfalto y la velocidad. Termina debajo de una ola de porquería producida por el paso de un tráiler.  Imagina que fue su papá y se emputa mil. La bici exhala y pierde velocidad mientras las coloridas luces del tráiler se van alejando hacia la entrada de la Central de Abastos. Tu llanta suspira y está más flácida que una verga de eunuco. Las calles por esa área de Iztapalapa son largas y sin alumbrado. Recuerdas la legendaria historia que tu primo te contaba: de la primera vez que escuchó a su tía decir una grosería. Interfiere el recuerdo de la cachucha de trailero de tu papá. La distorsión mental empieza. Llegas a casa: vieja, cansada, sin ilusiones ni motivación.

Clash, clash clash
Las gotas de agua caen sobre mi cara, 
se esparcen por todo mi cuerpo.
¡Fresco!
Un hombre cara de huevo se acerca, 
va fumando un cigarro.
¡Fun!
Respiro el humo, 
huele a Delicado.
Hace frío y haces falta.
1,2,3
Le doy una mordida al jitomate, 
el jugo se escurre por mis dedos, 
el sabor se disuelve en mi boca.

i n t e r f e r e n c i a

La última gota llega a las tres de la mañana, 
una hormiga se acerca,
 pasa a lado de mi pie, 
 trato de hablar con ella 
apresura su paso.
Huye.
Primero pongo cara de decepción, 
tristeza,
me voy escurriendo hasta llegar al suelo. 

Otra hormiga se acerca, 
la veo con zoom, 
se sube a los residuos de cara: 
cosquillitas, 
tap, tap, tap,
baila,
 parece que le gusta.
¡Plac! 

Cierro los ojos, 
me muevo.
¡Swing!
¡Estoy volando! 
Ahí está mi casa, 
mi perro,
mis plantas. 

Me acerco a la ventana, 
estoy dormida. 

¿Dónde estás tú?
Doy vueltas en círculo.

¡Dsss! 

Una mosca me acompaña, 
toma mi mano.

Apesta, 
jitomates podridos, 
horizonte rojo. 
Cuerpo inmóvil.

 Pic, pic, 
varita mágica.
¡Eras tú! 

La luna nos observa,
 no dice nada, 
vuelo hacia ella, 
se ve algo lejos. 
Me despido.

Danger Zone 2: Apatlaco

La noche era nocturna y llena de tótems eléctricos que susurraban la hora de tu accidente. 8:54 PM. Te sientes muy sacalepunta con tus nuevos pedales de aluminio que tienen más agarre porque son más anchos y, sobre todo, porque se los quitaste a un niño. La satisfacción de quitarle un dulce a un niño es innegable… Pero no llores, niño. Eso no es de hombres. El placer es momentáneo solo que aún no lo sabes e ignoras las advertencias de los gigantes totems eléctricos de la CFE. Tu ego incrementa proporcionalmente a la velocidad y piensas: La vida es bella. //Lets go get sushi and not pay!!! Bang !! Bang! Bang!!// Me dieron en la oreja y una botella de salsa ketchup se rompe. Tuve un encuentro cercano del tercer tipo con un taxi. //Yo yo yo te paro el taxi, el taxi//. Una luz verde tóxica emana del interior del auto. El conductor usa unos lentes de pasta negros y balbucea incoherencias mientras conduce. Se da cuenta que se pasó para dar la vuelta a la derecha y procede a cambiar de Drive a Return of The Living Dead. Zu Zu Zu. La velocidad aumenta y sólo queda esperar la colisión. No quieres saber lo que hay en la cajuela. Los vehículos se besan con todo el metal. La cajuela abre sus fauces para comerse la carne del ciclista y así deambular como Carrie ensangrentada por la ciudad. Supe que era mi tipo de Ciudad desde la primera vez que la vi. La ciudad Hot Wheels, es nueva y ofrece grandes emociones, calles que suben y bajan, banco, estacionamiento de dos niveles; hasta un lugar donde venden hamburguesas. Una ciudad hecha para divertirse. Yo estaba a punto de mudarme a ella pero me enteré que sus calles se cierran a las 8. ¡¡Ciudad Hot Wheels, con la calidad y garantía Pimentón!!

“el único peligro que corres es el de mis bestiales besos»

CASA I
El peso que oscila para medir el tiempo 
se ha detenido.
La ausencia del Tic Tac invita al vacío a pasar a casa.
Se queda mudo,
 el tiempo se siente como una babosa.

La casa se estrecha como la cavidad de una pre adolescente.
Promete sofocarme poco a poco.
Me promete escuchar las silabas del tiempo.
Me promete descubrir la falta de circulación,
estática.
Asegura drenar mis ojos,
enseñarme el verdadero self discover.

La casa se sofoca, 
intenta desesperadamente respirar.

Sus costillas se abren
ON
ansiosas por morder
OFF
dejan entrar a las merodeadoras de la muerte
vigilan.

La descomposición empieza,
ellas susurran el nombre del lugar perdido en mi corazón.
Embriagan el lugar de rojo consiguiendo pausar el movimiento.

Entrando en el loop de un carrusel
giro sin hallarme,
giro sin extremidades,
giro sin centro de gravedad,
giro sin caricias,
giro sin suerte:
la apuesta se hace.


Poco 
a 
poco,

en cada contacto irregular
la palidez se encarna
confundiendo la mente.

Dificultando reconocerse 
pronto la forma que era frecuente
se convierte en la afirmación
<< no parece él >>


CASA II
Las paredes del baño encostran el recelo de tu imagen.

Me encuentro frente al espejo
tratando de usurpar esa cara tuya.

Me encuentro desflorando mi ceja, 
repitiéndome cuanto me amabas.
En cada agarre
te escucho jurar tu eterna compañía.

Uno a uno va cayendo el pelaje,
recobrando la pureza de Eva antes de Adán.

Y con cada tronco caído
me acerco más a ti.

El cuero no resiste más
empieza a llorar
secretando la tristeza que cargo por dentro.

Y con cada pétalo caído
la dermis se asemeja a ese mármol de las máscaras mortuorias.

Aún puedo ver la transparencia de mis venas tocar la superficie.

El tiempo de solidificación adelanta su reloj para sellar mi arco de cupido
junto a su hermano inferior
rescatando el arte perdido de guardar secretos.

Danger Zone 3: Parque de la Plaza Juárez, Pachuca, Hidalgo

Mientras caminábamos por la Plaza Juárez para conseguir el desayuno, Alfonso me contó que vio a Rita Guerrero con Ensamble Galileo en el teatro Romo De Vivar, a lo cual yo pregunté: ¿di mi bar? Y él contestó, No. Como el Cid campeador, Rodrigo Díaz de Vivar. Y dijo que tenía una foto del Warpig con su máscara de la Parca. /eeeeel Warpig, eeeeel reverend, eeeeel nacho y uili. Somos Lost Acapulco// en el mismo teatro, amagándole un cigarro a un escucha, todos sentaditos porque era un teatro y el Warpig tiene clase. Seguimos avanzando por un parque y en un banca estaba sentada un pareja besándose con todo y pandemia covid. A lo cual, Alfonso, el Campeador, recordó: Este parque es muy raro porque a la gente le gusta venir a fajotear intensamente al pasto. Siempre hay viejos cochinos que se quedan viendo a las parejas de pubertos mientras frotan sus ropas y recorren la pista del cuerpo como Hot Wheels. Una vez, mi novia y yo estábamos matando tiempo antes de ir a nuestra clase de inglés en una banca. Y noté que un señor se sentó a un lado de nosotros. Tenía las manos en la zona del zipper. Seguimos platicando, luego empezó a hacer sonidos y lo volteé a ver. Me saqué de pedo, tomé la mano de mi novia y mejor nos fuimos. Al día siguiente, en un periódico amarillista, reconocí la cara del señor: se había muerto en esa banca de un paro cardíaco. Buenos días, ¿me puede dar tres pastes de carne para llevar?

TAXIDERMIA

Recorriendo la textura de la piel por el paladar
la lengua se ensancha
depositando cada litro de sangre en la pradera de papilas
deseosas de contacto

Crecen

Se enredan deletreando la Letra Escarlata
Sudando el deseo 
las sales se reúnen para lamentar tu ausencia.

El sabor del recuerdo entra vigorosamente,
sedimenta el molestar.
Mis poros se abren, 
dejan escurrir el fluido primogénito.

Es hora de olvidar el pasar de tu mano,
desollar el hueco que has ocasionado

y

l e n t a m e n t e

morderse la lengua
tratando de pronunciar tu nombre.

Los 31 burdeles del Pimentón. Episodio 14. 8 de noviembre de 2020:


Sué Lugo (Ciudad de México, 1989). Artista visual egresada de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda” generación 2008-2012. Cursó medio año de intercambio en la Hochschule für Bilden und Künste, Braunschweig en Alemania. Ha sido becaria del FONCA del programa Jóvenes Creadores generación 2014/2015 en la categoría de video. Actualmente tiene un programa de radio en Cáspita radio experimental. Haz clic aquí para visitar el archivo del programa.


El presente es parte de la selección de ©Alfonso Valencia, 2021, editor en ©DUBIUS junio-julio, 2021.

Los recursos trans metodológicos, de Jonathan Slaughter

La malvada abuela, la mariposa vuela
Mi abuela maestra de latín
La mosca me enseñó a volar
Pero quién digo quién y cuándo y quién me enseña a bien bailar

Estoy en la biblioteca de Jorge Batalla; la literatura y el mal en español
Los estudiantes son masoquistas, y los profesores—?
La pasión y el poder
La escritura, la hoja en la que escribo, esta segunda dimensión de la escritura en la que no existe el binario de género

Me había encontrado tantísimas veces con la palabra homophobia, y en los últimos años el uso más contemporáneo de transphobia y de serophobia, pero nunca había escuchado a nadie pronunciar la palabra biphobia, hasta hace unos meses durante una charla en una clínica de la Nueva Orleans, una clínica que se creó durante la llamada crisis del SIDA
Pues estamos en Bi Hall, y yo soy el agente etiológico, el zancudo amazónico,
Aquí estamos en Bi Hall
Frau Deshaies me dijo que la bisexualidad no existe
Der Besuch der alten Dame
Mi amiga y su gallina
Mi podruga Alejandra
Mi amiga Julieta con quien hablaba del pollo y de los huesos y con quien fui al jardín secreto, al hortus conclusus
Y ese mismo verano engañaba el francés hablando por teléfono con el señor Cante, mirando sincronizados Opening Night de Cassavetes
El siguiente año, Loparo, de herencia española-italiana, me preguntó si tal vez él me caería mejor si fuera más mexicano
Y yo hice el Cupido a él y a Alyssa, con quien había hecho la partouze de cuatro
Después el padre de Marx se murió
Y yo encontré al corso
Y a Arya la vegana, el vegano con sus playeras blancas, su pelo bien peinado, y sus tazones de lentejas, escribiendo sobre el lenguaje del cuerpo en la obra de Proust
Y a Lorena también le interesaba la búsqueda
Y vimos en la casa de Sicot Il Gattopardo de Visconti, una secta de Noiray,
Y después de la sesión, fui a Richmond, y encontré a los compañeros internacionales de Lorena, incluso a Lourdes, la rusófila, quien advertía mis tendencias surrealistas
Y luego en el hotel Mandarin Oriental de Manhattan
En el piso sesenta y nueve
Entré en un pacto diabólico viajando a la jungla de París con este Tarzan iraní-americano

Y en París Emran al-Amin fue mi compañero de guerra
Y tenía una copia de Rayuela en su cuarto
Y fuimos a las catacumbas, trepamos por sus venas,
Y yo vi señales pintadas, grafiti espantoso, huellas de los primeros años del SIDA
“El viaje a la semilla”
Se dice que en Francia, on ne tape pas les femmes!
Mas después la pareja, Emran y Maximilien, se burlaban de mi clase de homosexualidad,
el curso que tomaba sobre la prosa de Jean Genet, con el profesor Alazet, “Alanez” lo llamaban
Él es un especialista en Duras, y como ella, yo escribo y reescribo mi historia…
Por Skype hablaba con la salvadoreña
Y le dejaba mensajes de voz, jugando con el voseo: hola mi vida, ¡llámame, o llamáme!

Pero vuelve la negritud, las sombras que te susurran en el parque
Tu veux du shit?
Y hay la continuidad de los parques, y uno tiene que regresar al país natal que ya es fatal
Y vuelve una canción de amor, algo pasa a través del hueco de la cuarta pared, y siguen volviendo los muertos
así que recibí esta foto del culo de mi compañero afro-americano, el tenista sodomita se decía, Dejon, muerte súbita…
Él me había dicho durante nuestra primera conversación íntima
Después de asustarme, diciendo que sabía todo sobre mi “amigo especial,”
así lo llamaba también la madre de mi madrastra, la de la reunión de los amigos, de los cuáqueros, en que iba mi profesor de historia estadounidense, hay gente de la sal de la tierra…
Pero bueno él, Dejon, me dijo que estaba tratando de entender al hombre blanco

Aunque sea blanco, yo tampoco no entiendo a la llamada raza blanca
Aunque no soy blanco, aunque yo sé que el color de la piel como tal no es la base de nuestras nociones de la raza,
Me dio vergüenza cuando yo me sentía frustrado por las circunlocuciones de una compañera durante una cena aquí:
Ella estaba tratando de elaborar una descripción correcta para distinguir entre dos personas del mismo nombre, y yo de repente le pregunto, un poco fuerte,
¿es la blanca o la negra?

Hay otras preguntas, y otras oposiciones, yuxtaposiciones cromáticas:
Le rouge et le noir, el rojo y el negro, el indio y el esclavo, el encuentro, el desastre, el trauma del nacimiento del llamado nuevo mundo
La tempestad
La tormenta china
El ojo del tigre de Puducherry
La turbia confluencia
ojalá ojalá ojalá ojalá
El eje


Nota del autor:

Este texto se puede considerar un eco del cuento de Borges, La biblioteca de Babel; el título se refiere a la novela El recurso del método, de Carpentier. Es un texto que yo llamaría “transgenérico”, lo cual es muy conveniente a mis preocupaciones del verano de 2019, en cuanto a la transexualidad y a la idea del italiano Mario Mieli de que todos somos seres transexuales, y a mi obsesión gramatológica con el prefijo del latín trans… Lo dedico a la biblioteca Davis, donde lo escribí, y también al comedor Proctor, donde lo revisé, y a la Bi Hall (Bicentennial Hall at Middlebury College in Middlebury, Vermont) en que estaba en el momento de leerlo por primera vez, en agosto de 2019, en la clase de Escritura Creativa en la maestra Sandra Lorenzano.


Jonathan Slaughter nació y creció en Carolina del Norte, EE.UU. Estudió francés, castellano y literatura comparada en UNC Chapel Hill, Middlebury Language Schools, y en la Université Sorbonne Nouvelle. Ha estudiado, en distintos momentos y programas, en Duke, Columbia, Tulane y Lousiana State University. Es escritor, actor de teatro y traductor. Actualmente enseña francés en la Universidad de Carolina del Norte (Charlotte). Recientemente publicó “El botón de dicha de Narciso: Vallejo y la no homología de Trilce XIII” en Carátula: Revista Cultural Centroamericana. Puede consultarse su perfil aquí.

«No sé por dónde empiezan a romperse los objetos» de Eduardo Islas Coronel

 

El sábado 3 de agosto de 2019 se presentó en la librería Lavanda bajo la gestión de Editorial Elementum, en Pachuca, el libro “No sé por dónde empiezan a romperse los objetos” de Eduardo Islas Coronel, ganador del premio estatal “Efrén Rebolledo” 2018.  Recogemos aquí los comentarios de quienes acompañaron al autor, Perla Ibarra y Christian Negrete, ambos autores e investigadores del estado de Hidalgo.

 

portada, eduardo islas

 

 

“No sé por dónde empiezan a romperse los objetos”

Por Perla Ibarra

 

El libro “No sé por dónde empiezan a romperse los objetos” desde el título mismo llama al recuerdo, pero también invita a reflexionar en la solución del enunciado. A resolver metáforas literarias que aluden a paradojas del movimiento, procedentes de la antigua filosofía griega, que a su vez buscan respuesta entre la apariencia del ser y la lógica sofista. Las aporías de Zenón sirven de inspiración a la primera parte de este libro, la cual lleva por título “Paradoja de Aquíles y la tortuga. Paradoja de la Flecha”, manifestación de la lógica que va al encuentro de un tiempo remoto; encontrar el momento exacto entre dos aleteos de mariposa, el regreso a la infancia, hallar el templo invisible donde habita la tortuga que sólo puede percibirse por un eco que la nombra.

La primera parte deleita al lector, y nos reta a imaginar el cálculo necesario para llegar al origen mismo donde crecen los poemas. Eduardo nos da pistas, pero también nos llena de más dudas, refleja en nosotros sus preguntas, que han sido los cuestionamientos de la filosofía desde sus orígenes, los cuales son el reflejo de nosotros mismos al leerlo.

Esta primera parte se divide en siete magníficos poemas, “Arte poética” es el preludio no sólo del libro, sino de una puntual declaración que da nacimiento al poeta; yo amo los versos acentuados (…), yo escribo porque intento hallar a la Tortuga que se quedó en la infancia (…). “Instante” y “Memoria”, segundo y tercer poema del apartado, escudriñan la infancia y enuncian la sensación efímera que tenemos de ésta cuando ya ha pasado.

En la lectura de “Insomnio”encontramos los versos precisos que definen la palabra de los noctámbulos: como sentir un océano inconsistente azotándose una vez, y otra, contra los invisibles muros de la mente, sin apenas un punto de reposo (…)  el insomnio que inquieta al poeta, es el mismo poema que se gesta con la voz de su consciencia.

El sexto poema, “Educación de Aquiles” es uno de mis predilectos, ya que Eduardo entabla diálogo con el afamado guerrero. Su dialéctica entusiasma, porque concede a la disciplina el hallazgo del verso exacto, y a la humildad, el don más preciado para alcanzarlo.

El poema con el que cierra la primera parte del poemario “Cálculo Infinitesimal”, es poderoso, aunque es uno de los más cortos. En él se resuelven las paradojas de Zenón, apelando a una reflexión pausada, concreta pero certera.

La segunda parte de poemario, “Antigua banca de jardín”, da comienzo con un epígrafe que ya nos advierte de la inclemencia del tiempo. Los cinco poemas se concatenan, afirman y reafirman cómo olvidamos los instantes que nos dieron vida siendo niños, de las cosas que se pierden en la memoria, en los huecos del recuerdo que ni siquiera sabemos que ya es un vacío. En particular el poema II, nos conmueve por las sensaciones que evoca: una astillada resortera, una redonda piedra diminuta que nunca conseguiste acomodar -con un tiro certero- en el centro de ti mismo (…)

El tercer apartado es uno de mis favoritos, titulado “A la luz de las palabras”, consta de seis poemas, en él logro percibir claramente el oficio del poeta, la sensibilidad traducida al verso y el verso que aparece sublime al leerlo. He de confesar que el primer poema que leí del libro, se encuentra en este apartado, decidí leer primero todo el índice del poemario y elegir el título que más me gustase, así hallé “El sueño del coleóptero”porque la palabra coleóptero me encanta, aún más porque es adornada con los dos élitros que ostentan estos diminutos y fornidos insectos y que les sirven para alzar en vuelo. El primer poema leído fue un acierto muy afortunado, ya que me parece uno de los poemas que más indagan en el fondo de la naturaleza humana, una especie de poema kafkiano, que pone de relieve el sentido de la existencia, metáfora del trabajo literario y nuevamente insiste en la disciplina que urde al lenguaje.

“A la luz de las palabras” es el origen del universo y la naturaleza, reflexiona acerca del movimiento que oscila entre la gestación de la vida y el fin cuando llega la muerte. Me parece extremadamente lúcida la manera en que cada poema contiene su propio universo latente, que se crea al ser leído y muere cuando uno termina de leerlo. El poema “La vida antes de la vida”, da constancia de este inicio, y también de la insistencia humana en querer retrasar el final.

El cuarto apartado “Árboles”, corresponde a un conjunto de tres poemas; “La canción de los álamos”, “Árbol caído” y “Árbol danzante”El primero de ellos dota al álamo de una espléndida voz que cuestiona, que transpira nostalgia y que se mira reflexivamente a sí mismo. “Árbol caído” es un eucalipto que se desploma y es una parábola precisa de lo que significa la pérdida. Con “Árbol danzante” recorremos el follaje del roble, su memoria.

“Los años náufragos” es el penúltimo apartado del libro, donde la figura del padre cobra importancia, así como las primeras memorias acerca del mar. El mar transmuta. Es un reloj inmenso, es un monstruo, es profecía de un tiempo roto. El paisaje marino es el escenario que el poeta utiliza para indagar en el deseo del hombre por construir castillos de arena que nunca se derrumben.

 

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Photo: Moisés Lozada

El último poema cierra rememorando una escena concreta, la estática que procede de una colección de objetos inanimados, de aparatos muertos que se roban el sueño, de la esperanza en que todo puede arreglarse, fe en que todo electrodoméstico tiene su segunda oportunidad. ¿Hablamos de objetos inanimados o de sujetos con ánima? El último verso extraordinariamente emotivo, vuelve orgánico al poema.“No sé por dónde empiezan a romperse los objetos” es la parte final del libro, conformada por los poemas: “Bicicletas” y “La estática es la lengua de un aparato muerto”. La figura del abuelo es protagónica y me parece que esta última parte del poemario es la más conmovedora, ya que el poeta hace dialogar los recuerdos, el aprendizaje y los lazos familiares, así como las propias experiencias de vida. La bicicleta se convierte en la metáfora de nuestro paso por la tierra, pedalear es indispensable para vivir, pedalear como prueba de resistencia y fortaleza ante los embates del tiempo. Alargar el recorrido lo más humanamente, lo más lejanamente posible.

Para finalizar apunto: el libro “No sé por dónde empiezan a romperse los objetos” de Eduardo Islas Coronel, nos interna en lo más profundo de los recuerdos del poeta, acaso los de nosotros mismos. Al leer el poemario corremos el riesgo de llenar nuestros ojos de nostalgia y hacer brotar en nosotros imágenes que quizá creeríamos sepultadas. La gran virtud de este poemario es abrirnos a esos recuerdos, y cuestionarnos qué tanto tenemos de ellos ahora. Aunque no todo en él es remembranza, las parábolas y paradojas que encontramos, nos retan más que racionalmente, sensorialmente. Nos reta a escarbar de manera profunda en los distintos momentos de la vida, ya sea cuando niños o cuando viejos, el miedo que acecha nuestro ser es el que sucede cuando el tiempo se detiene. Es un poemario por demás filosófico y de gran belleza. 

***

 

 

¡OH CORONEL! ¡MI CORONEL!

por Christian Negrete

 

Y porque estas palabras aún son mías parafrasearé el enormísimo Walt Whitman: ¡Oh Coronel! iMi Coronel! Nuestro no tan espantoso viaje no ha terminado. La nave no ha salvado todos los escollos, y no hemos ganado el anhelado premio, aunque los vientos hidrocálidos te abrazarán, eso lo sé.

Y no es por un premio que estamos esta tarde aquí, compartiendo la atmósfera de la librería Lavanda, y pues a un lado de mi admirada Perla Ibarra.

Y es que Eduardo no es el premio estatal de poesía, ni tampoco es el ingeniero mecatrónico, lasallista, profesor, estudiante de posgrado y lo que se acumule en los meses siguientes. Él es Eduardo Islas Coronel, mi Coronel, nuestro Coronel.

Y hoy habitamos este espacio con el propósito de acercarnos a los poemas que fue capaz de crear este hombre. Con ese estilo de poeta muerto, de niñez que se niega a marcharse, de estirpe fantasma, de recuerdos esbozados y de las leyes que nos rigen más allá del método científico. Él sabe que permaneceremos más tiempo muertos que vivos.

¿Alguien aquí sabe por dónde empiezan a romperse los objetos? El poeta afirma que lo ignora, pero sabe que, cito: “la poesía es una piedra caprichosa/que lleva veintitantos años/creciendo desde el fondo/de tu mano”. Y yo suscribo, he sido testigo del crecimiento de esa roca azul en su corazón a lo largo de estos casi cuatro años de camino compartido. He visto el acecho de la astillada resortera apuntando siempre contra su pecho.

Y es en este camino que el autor resiste al desgaste de las palabras, a la pérdida de significado de las letras, a la erosión de las verdades, cito: “una sola flecha ungida de verdad,/un solo verso cargado de poesía,/arrasará con vanos/castillos de/palabras”. Comencemos hoy por pulir la palabra poesía, porque Coronel escribe poesía.

Y cuando nos encontremos suspendidos en medio de todo, abrazados a las letras que nos arroja, Eduardo nos señalará otro camino, cito: “saber que la poesía no ocurre en las palabras/sino en los intersticios”. Y el reto será mayor, porque no se tratará de entender, de asimilar o de racionalizar. Será un escurrirse entre la tinta, un sumergirse entre tortugas.

Y podremos ver a Diego José, con las cosas en su sitio; a un ejército Borgiano de hormigas; la propuesta irreversible de la vida formulada por Noé o los objetos con más estilo que las personas que nos mostró Quintero.

Sientan estas palabras por favor: “Y si vas a caer/que sea entre relojes/relojes lentos/ que retarden/tu caída”.

Y él no necesita probar el lodo, ni mancharse los nudillos, ni amanecer con los labios amargos a la orilla de un camino. Él es capaz de destruir en mil pedazos la senda de los malditos, de la vida disipada que a veces solo es útil para arrojar soliloquios minúsculos. This is poetry.

Cito: “Aquella tarde, en la playa desierta,/mi reloj de pulsera dejó de funcionar./Había sido un regalo de mi padre”. Y el reto será concluir la travesía por este poema sin llorar como un berraco como lo hice yo en plena presentación de este libro en el Centro Cultural del Ferrocarril. Porque habla de los ascendientes consanguíneos en línea recta hasta llegar al cielo. Y es que es un tema que a todos nos arde en el apellido.

Y ahora, que pasan de “Las siete de la tarde:/la hora en que la luz escapa de las cosas.” Debo dar cuenta de una bicicleta, de ese vehículo que se mueve entre las páginas, que avanza y que no se cae gracias a leyes que ignoramos todos, menos él. Que me hacen recordar que es un técnico, pero que tiene técnica solo dentro de la técnica, fuera de eso está loco, con todo el derecho a estarlo, ¿oyeron? No lo molesten por el amor de Dios. Alejen las palabras diminutas de su estampa, gritamos De Campos y yo desde Lisboa y desde Pachuca.

Yo les aseguro que después de navegar por estas frases, de surcar las imágenes propuestas, se permitirán angustiarse por las contradicciones de la propia existencia, recogerán los fragmentos de ustedes que yacerán en el suelo y continuarán con esta vida. Vida que pese a todo y contra todo… vale la pena. Y si no me creen, súbanse a la bici imaginaria, cierren los ojos y escuchen:

“No aceleres, abuelo

¿Por qué dices adiós?

¿Por qué agitas tu mano al pasar junto a nosotros? ¿Cuánta velocidad llega a alcanzar un cuerpo que se muere?”.

Cierro con la venia de Whitman: De una horrorosa travesía, el barco vencedor, viene con un objeto conquistado, es el objeto que tengo aquí en mi mano: El libro No sé por dónde empiezan a romperse los objetos.

***

«Estúpidas fronteras», poemas de Josué Ledesma

Josué Ledesma.

Psicólogo, docente, escritor. Ha publicado Cenicero (Malavida Editorial, 2017). Sus colaboraciones literarias pueden ser encontradas en la revista Los Bastardos de la Uva (Abril, 2013), la compilación de poesía Señales para quien está de paso (Malavida Editorial, 2017), Maldito Vicio del diario El independiente de Hidalgo (Noviembre, 2017) y en la revista electrónica Casa Rosa: Hospedaje Cultural.  Fundador de Circuito: Intervención y Arte,  becario Interfaz Issste | Atemporalidades, Anacronismos y Emergencias (Junio, 2018).

 

 

Estúpidas fronteras

 

podríamos ser todos amigos

o al menos obsequiar respeto

hacerle caso a los budistas

cristianos, testigos de Jehová

a los católicos de bautizo

pero alcohólicos empedernidos todos

 

podríamos fumar legalmente

de un bong con forma de biblia

asistir a misa de 4:20

y ver Los diez mandamientos de Marley en la escuela

 

podríamos estar en paz con el mundo

solo un momento

pero tenías que escribir Mi lucha

tomar el Estado

invadir América, Europa

arrojar tanta jodida bomba

odiar a los palestinos

 

todo el maldito power

que el mundo entero tenga un iPhone

el niño muera dormido

mientras cuelga de la espalda de una mujer con anemia

 

tenías que ponerle barras y estrellas a la rabia

tenías que desear lo que no tenías

tenías que insistir en salir en la portada

 

y a pie de fotografía:

esa foto de un niño inmóvil a quien besa la marea

la subió a redes Sin escrúpulos

 

podríamos ser todos amigos

olvidar las estúpidas fronteras

concentrarnos en descubrir a la bestia en el adentro

encontrar a nuestro aliado en un botón de loto

 

podríamos entender al amor

para guardarlo en una caja de zapatos

debajo de la cama y envuelto en las cobijas

alimentarlo a diario con el lomo de un salmón

servirle un poco de leche tibia

y dejar que salga cuando lo dicte la temperatura

 

podríamos ayudar a otras personas

a encontrar su espíritu huidizo

en un sueño compartido

dentro de un sueño de otro sueño

de otro sueño hasta el propio

 

podríamos enseñar sobre la tiricia

y su poder para curtir las emociones

poner la otra mejilla

mientras la piel reacciona al beso del amante

 

podríamos tener fe

 

parece que los filósofos pesimistas van ganando.

 

 

«PUM»

 

Pum

pum

pum pum pum

pum

pum

pum pum pum

pum

pum

pum pum pum

bongbong bongbong

bongbong bongbong

pum    pum    pum pum pum

pum    pum    pum pum pum

takataka takataka

takataka takataka

rrraakata

rrraakata

rrraakata

raaakatatan

raaakatatan

raaakatatan

enciéndete

enciéndete

enciéndetenciéndete flota

enciende

flota

ama

flota

enciéndeteyflota enciéndeteyflota enciéndeteyflota enciéndeteyflota

enciéndeteyflota enciéndeteyflota enciéndeteyflota enciéndeteyflota

flama

ama

taka, tataka

taka, tatan

enciéndeteyflota enciéndeteyflota enciéndeteyflota flota

flota

flota

flota

enciéndeteyflota enciéndeteyflota enciéndeteyflota flota

flota

flota

enciéndete, flota.

 

 

Dos poemas de Ángela Escobar

En su delirio clínico, Ángela Escobar, asegura ser actriz. Gusta de rituales nocturnos y la parapsicología. Ha publicado cuento y poesía en diversas revistas tanto físicas como electrónicas. Participó en el III Encuentro Efímero de Poesía en Pachuca, autora de Debajo de mis Venas Silenciosas (Ediciones Periféricas, 2019). Es guionista, productora teatral y actualmente incursiona en dirección escénica. Ángela Escobar se encuentra y se conoce entre historias, escenarios y poesía.


Diario de la señorita Lane

I will scream in vain,

oh please, miss Lane,

leave me with some pain.

“Dark Entries”

Bauhaus

 

Él frente a la señorita Lane,

resbala tinta oxidada.

En sus ojos de invierno,

y partituras de historias,

olvidadas en un vinyl.

 

Él metamorfosis de gritos,

y arañazos en su memoria.

Fuego en las entrañas,

juego de la indecencia de la señorita Lane.

 

Te mueres en treinta y seis minutos,

con seis segundos.

Con los ojos cerrados, empapados,

de sudor y estrellas.

 

La señorita Lane dobla la perversión,

en el bolsillo.

Criatura mística que alza el vuelo antes de

medianoche.

 

Él revolotea en la ausencia-noche,

de un espectacular vacío.

 

Las luces se funden en los viejos tiempos,

lista para la acción.

 

La señorita Lane muerde las lágrimas,

de viejos vampiros,

olor claro-oscuro.

 

Con uñas de fuego pálido,

arropa el sexo de la señorita Lane.

Mientras ella disimula

la decadencia con humo de cigarrillo.

 

Él cuerpo de dios-roto,

titila bajo el frío de espejos,

 

La señorita Lane construye,

una barca de muerte, orgías,

voces y el sabor de la derrota.

 

 

 

 

Obscenos despojos azules

 

A ella que en su universo mórbido,

de notas desordenadas,

naufraga entre ríos de miradas grises.

 

Ella de enajenados insomnios,

y pesadillas recargadas en la espalda,

cómo cadenas oxidadas,

la beldad demacrada,

cruje como lastre.

 

Ella, que pinta sus labios de corriente eléctrica,

en una camilla;

que deja estigmas, polvo y pastillas.

Ella convertida en obscenos despojos azules,

despojos azules obscenos,

obscenos azules despojos,

azules despojos obscenos,

despojos azules obscenos,

azules obscenos despojos.

 

Ella con el cuerpo de líneas distorsionadas,

y, las sustancias oneirikas,

que engendra la enfermedad.

Reflejos en el espejo,

de la mujer silueta vestida de incienso.

 

Ella tatuada de delirios,

entre sonidos violetas.

Indiferencia a la espera,

de la agonía lenta, tan lenta

como un orgasmo prolongado.

 

Ella hundida en temblores nocturnos,

y los soles quemando sus dedos.

con esquirlas de alma ulcerada,

con el que recoge la pluma,

para dibujar sobre su aura,

una fémina alba.

 

Ella sueña con el dolor,

de la ausencia convertida en un maniquí,

y la realidad tejida de mentira

de la vida que es lo único que conoce.

 

Ella enredada,

con hilos cobalto, de culpa

que muerde,

y desespera en el vientre,

de la habitación hinchada.

Ella con palabras de olas,

en su mente desierta.

 

Las velas del destino,

despacio abrasan,

los huesos.

El aire es karma,

que la ahoga flemático.

 

Ella esculpida de heridas,

con el cuerpo macerado,

que un día será putrefacta masa,

de gusanos y pasto.

 

Ella, saliva y secreciones,

de suicida apariencia,

que esboza sus muertes,

con adicciones y pastillas.

Colección de Poesía: Dos poemas de Selene Flores

Selene Flores, (Guadalajara, Jalisco, 1998), es una poeta apasionadamente disidente, de gran ímpetu por las sensibilidades de la resistencia.

Su trabajo, publicado mayormente en Liberoamérica, nos recuerda al abordaje de mujeres revolucionarias -en la acción y en la obra- como Susana Thénon o Alaíde Foppa. Su formación le ha permitido alumbrar los movimientos de la más ardua consideración del mundo.

Poeta y estudiante de sociología. Ha sido ganadora del certamen Creadores Literarios Fil Joven (2014, 2015), y del Torneo de Escritores Universitarios Arreola-López Velarde de la Universidad de Guadalajara (2017). Algunos de sus textos se encuentran en la revista Vaivén de la Universidad de Guadalajara, El Humo, de la Universidad Autónoma de México, y las revistas digitales de Low-Fi Ardentía, Tres pies al gato y El periódico de las señoras. Es autora del poemario Cinema (2018), publicado por Cuadrivio Ediciones.


 

Para S. Ábrego

Vive en mí
la visión de una tú mucho más vieja
que conserve dedos delgados
y ojos de curiosa ternura.

Catedrática, nos miras
hablas de la urgencia, pensar cómo pensar

la muerte de la poesía
camina

entre las filas de nuestras bocas ignorantes.

Te sientas a la mesa
con el afán de salir
una tú mejor de la que entró

imagino que, en sueños,
tomé tus manos
y supiste que yo también estaba sola.

 

 

 

Para Alma

Yo podría sentarme con collares de perlas en el cuello,
fregar los platos con guantes después de cenar
poner los chocolates en bomboneras de cristal,
leer revistas
mientras espero la tristeza y la novela de las seis.

Recoger a una niña regordeta del ballet
recordar cuando yo bailaba y era tan grácil
tan más grácil que ella,
nada heredó de mí.

Podría también vivir en la sierra,
tejer patrones de flores y de alpacas,
enseñar a las criaturas a leer,
recitar a Freire sentada con nada más
que una lámpara de gas,
esperar que no te peguen un tiro en la cabeza
y despierta
tenerte el café listo para mañana cuando partas.

En cambio, ya ves
me han visto tú y los otros
sentada en los bares,
descalzada en las banquetas
pidiendo otra copa, encendiendo un cigarrillo,
hablando de Federici; suicida como Plath.

Qué risa debo dar con mi discursillo trágico,
contando las horas en que todo salió mal,
fui descubierta    tantas veces,
a tan pocos convencí
y siguen cayendo, moscas,

me encanta el brillo de los unos
cuando me digo comunista,
y la euforia de los otros
que quieren anillarme,
ponerme casa a mi gusto cerca de Coyoacán.

Los encuentro ridículos a todos,
así es, dije los encuentro,
así hablan las mujeres como yo

que tanto hemos leído, que tanto fracasado,
que durmieron en el lobby de un hotel
porque las sábanas blancas de una cama matrimonial
sin estar matrimoniada, resultan aterradoras,
así es, dije resultan, qué gran literacidad.

A partir de aquí ya pueden comenzar
con sus encantadores vicios,
¿se compadecerán de mí?,
¿o son más del estilo de lapidar y olvidarse?

Como sea, no lo piensen tanto,
tengo unas vacaciones pagas en el sur
y varios mandados que hacer en Providencia,
comprar un nuevo traje de baño, con tiro alto
que me haga cintura,
aprender a tirar con pistola,
hacerme el gel de las uñas,
traducir yo misma a Apollinaire,
correr del fantasma de la hija que no tengo,
y terminar de leer la biografía de Keynes,
el libro dice que era un excelente intelectual,
tomaba el almuerzo con Virginia Woolf,
porque esa gente no comía, tomaba el almuerzo,
y me quedé en la parte donde el autor dice
¡Keynes pudo haber sido tantas cosas
y decidió hablar de economía!

Su débil corazón le pasó factura,
comienzo a sentirme rara,
convendría otro café,
y que alguien me sujetara de las manos,
desfallezco,
qué risa, qué comicidad
esta manera mía de morir.

 

 

 

Colección de Poesía: «SECUENCIA REGRESIVA» Por Sietezorros (Jorge Galindo)

Sietezorros es el nombre con el que el músico y escritor de canciones Jorge Galindo (Xalapa, Ver., 1991) recurre a la palabra sobre la página para acercarse a la poesía independientemente de los medios y de las estructuras musicales del songwriting.


 

MUERAN HUMANOS

 

Festival NRMAL 2017

el ruido y la furia

de la máquina humana

impulso inicial

sabes de sobra el lugar que ocupas

pero en tu instinto está rehusarte a aquello

¿a qué otro lugar irás?

por campos de espuma marchitará tu nombre

¿a dónde      si has de llegar

te recibirán con flores?

aguarda un poco

te insistes

te engañas

abres tus brazos

te niegas ausente

solitario durmiendo

la sombra que acontece

no hallas un sitio abrigo lloroso

y cuelga ian curtis

su soga en la esquina

roja rosa visceral

la luz imperante

te tira al suelo     convulsa

y bailas con ella en la nada

de aquél espejo

cantaron canciones

de años de ruido

las sombras que tú mismo proyectas

MATANDO A PLATÓN

pienso en aquello que vino a decirme el agorero viejo

si es cierto que no dominamos técnica alguna ¿qué sentido tendría pensar entonces una ciencia para el acomodo sensible de los pájaros a contraluz que estáticos en el tiempo permanecen en constelación perpetua para nuestro incesante estudio?

yo también río y acaso me imagino semejante a Tínico de Calcis   quizás un claro ejemplo de que la inspiración sólo llega para que lágrimas se le derramen una vez que se le ha perdido.

DEL LIRIO

 

[…] de pronto todos los locales de Regina empezaron a cerrar diciendo que «ái vienen los saqueadores». De modo que comencé a pedalear en contra del flujo de la gente para ver qué pasaba. No había mucho. Sondeé a algunos locatarios, unos decían que los «saqueadores» venían por el Zócalo, otros que por Izazaga, todos coincidieron en decir que la policía fue quien dio el aviso. […] En ningún lugar, nadie, había visto a los tales «saqueadores». Lo que sí vimos fue policía, muchísima policía. […] Al final nada había pasado, salvo el miedo.

 

–Testimonio en Facebook; 04 enero, 2017.

 

no es el viento quien trae el aviso

no es un presagio     de setecientos años

aquella sombra que se avecina

{ apenas y habla y apenas y existe }

no es de pasos que está hecho su andar

en la nada el nombre de nadie reclama

como un fantasma     sin cuerpo

{ que apenas y habla y apenas y existe }

pero se siente

cuando la boca de tu vecino

grita allí viene

como el frío del lirio

como un viento febril

y un frío delirio

entonces nadie

sale de casa y marcan sus puertas

derraman en ellas la vida

del cordero más joven     el indefenso

que ayer engendramos

en la plaza llena de gritos.

SECUENCIA REGRESIVA

estamos en nuestro dolor

muy adentro

y nos negamos a soltarlo

afuera hay guerras

pero adentro hoy se celebra la milésima

batalla final que tendrá

que volver a librarse mañana

por eso     con la cuenta regresiva en aquel

casio al que hace tiempo le retiramos la pila

brindamos en la espera de la explosión

atómica que nos dijeron    levantaría nuestras almas al cielo

pero llega un nuevo día y fatigados de cerrarnos

las puertas

con nuestras espaldas encontradas

esperamos a que el más valiente se levante

e indiferente al momento de vulnerabilidad recién acontecido

resuma en una fecha

el egoísmo que nos separa

el adiós que repetiremos

eternamente sin importar el sujeto

que descanse en la cama

Colección de Poesía: dos poemas de Jack Dou

Dos poemas de Jack Dou (Honduras, 1998) uno de los participantes del III Encuentro Efímero de Poesía en Pachuca.

Estudiante de la carrera en Literatura y Creación Literaria en Centro de Cultura Casa Lamm. Actualmente cuenta con dos publicaciones en Revista Literaria Monolito. Residente en la Ciudad de México desde hace un año.


 

Sólo quiero ser crucificado

 

Quiero tener una corona
hecha con botellas de alcohol
que los vidrios se entierren en mi conciencia,
al son del Réquiem
treinta y nueve azotes
con las palabras de un poeta vanidoso
una temporada en el infierno.
Quiero cargar una cruz
que sueña con amores monstruosos
que mi espalda se llene de llagas
un universo fantástico de dolor
¿Por qué he malgastado mi vida?
Quiero las burlas de quienes no me entienden
ser tratado como el Nazareno,
en un camino tortuoso
encontrarme con una sonrisa
pobre pero querida por el alma.
A mis veinte años
quisiera tener treinta y tres
o tal vez veintisiete
¡ahora me rebelo contra la vida!
El dolor y la pena siguen
persignando mi espalda
en mortuorias oraciones
¡que revienten mis vertebras!
El camino al monte calvario
es excesivamente simple,
demasiado ligero para mi orgullo,
¡que no se me acerque ningún Simón de Cirene!
Mi cruz está hecha por el rechazo y por pútridas sonrisas
una tortura sutil,
¡somos tantos en el mundo!
¿Por qué he malgastado mi vida?
Los clavos se empiezan a enterrar
¡Plas! ¡Plas! ¡Plas!
No sólo en mis manos y pies,
perforan el alma
¡Crack! ¡Crack! ¡Crack!
Un clavo: soledad.
Un clavo: recuerdos.
Un clavo: Amor. Amor. Amor. Amor. Amor. Amor.
Doce meses en una cruz y todavía desconozco la caridad.
Pobre y querida alma la eternidad no está del todo perdida para nosotros. En gritos de soledad y murmullos amorosos mis brazos se empiezan a desprender de mi cuerpo cada célula se congela con los escupitajos de los días robados. Todavía espero que me claven esa lanza en mi dorso. Un último deseo de ser amado.

 

 

Existir en el exilio

Déjame contarte, madre,
que aquí hay cuatro estaciones…
las hojas caen en olas de eterno calor
y renacen resquebrajadas en la ausencia,
pero yo
siempre tengo frio.
Déjame contarte, padre,
que la calaca ya no se posa sobre mi cama,
que ya dejó de lamerme el oído…
con sus cantos de alerta.
Déjame decirte, Calor,
que los huesos se me entumecen
y las esquirlas de hielo los perforan.
Que mi piel llagada se congela
al extrañarte
Dios, déjame contarte:
desde que me fui,
no he visto tus ojos nocturnos
Dios, te voy a decir un secreto:
desde que me fui,
tus penas me parecen putrefacciones del pasado.
Mi amor
¿sabes de la gran serpiente naranja?
Sus víctimas son voluntarias,
en el vientre metálico de la serpiente nos deshumanizamos.
Por último quisiera comunicarte.
Del gran exilio humano
y que el único recluso. Soy yo.